En medio de la incertidumbre en la que se encuentra el país por la crisis de la inseguridad y los embates del fenómeno El Niño, ayer se anunció que cerca de 50 incendios forestales, de los 58 reportados en el país, se habían extinguido y que los restantes estaban “controlados”.
Esto es una buena noticia por donde se mire, pero debemos hacer hincapié en que esto se debió a las lluvias del propio Niño, que se dieron en un momento en que el gobierno tenía serias dificultades para hacer frente a esta situación que tendía agravarse.
Pese a la buena noticia de que el fuego fue sofocado, el balance es lamentable: según Defensa Civil, los incendios dejaron 12 fallecidos y más de 800 afectados, la mayoría por quemaduras. Solo en Río Tambo, en Junín, el fuego consumió unas 2,500 hectáreas de bosque durante más de dos semanas. Cusco acumula más de 16,000 hectáreas afectadas este año. Y en medio de la emergencia, el país contaba con pocos helibaldes. Allí se anunció la compra de más, pero los equipos nuevos llegarían recién a mediados de noviembre.
Quienes combatieron las llamas desde el inicio fueron los propios afectados, asociaciones civiles y autoridades locales junto con voluntarios del Cuerpo de Bomberos y militares, por aire y tierra. A ellos nuestro saludo y reconocimiento, y al gobierno nuestro reclamo, pues es sabido que estas emergencias no son nuevas, que son cosa de todos los años.