Opinión

LUCHO GATICA: 91 AÑOS DEL NACIMIENTO DEL BOLERISTA QUE ENCANDILÓ AL MUNDO

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

12 de Agosto del 2019 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

No soy de su tiempo pero sí fan a morir del “Rey del bolero” -título acuñado en España-, el legendario Lucho Gatica (1928-2018). El intérprete del romanticismo, ayer, domingo 11 de agosto, cumpliría 91 años. Nos dejó a los 90, el 13 de noviembre de 2018. Su época fueron los años 50, en que ya nadie quería hablar de conflictos sino de paz, ni de odios sino de amor. Gatica llegó preciso -la posguerra- y por eso triunfó en la época de los denominados años maravillosos, que eran el comienzo de la Guerra Fría. Es verdad que no fue el único. También fueron idolatrados sus coetáneos y no menos famosos: el ranchero e inmortal Pedro Infante (1917-1957), el tenor Jorge Negrete (1911-1953) y el compositor Agustín Lara (1897-1970), monumentos de la canción mexicana de aquel entonces y, por cierto, emblemáticas figuras de la Edad de Oro del cine mexicano, los dos últimos caídos rendidos ante la diosa del cine azteca que fue María Félix (1914-2002). Sin embargo, Lucho Gatica fue el intérprete del bolero por antonomasia que contribuyó con los referidos mexicanos y otros como los cubanos Bienvenido Granda (1915-1983) y Olga Guillot (1922-2010), el puertorriqueño Daniel Santos (1916-1992) y hasta el estadounidense Nat “King” Cole (1919-1965) a cundir el romanticismo como regla en una sociedad mexicana nacionalista que por esos años hacía remembranza de la Revolución Mexicana (1910-1920). Sus interpretaciones “La Barca”, “Contigo a la distancia”, “El reloj”, “Sinceridad”, etc., fueron de la mano con su peculiar timbre de voz, que fue hecho para el bolero y encandiló a muchas generaciones y hasta a artistas como Elvis Presley, Ava Gardner, Frank Sinatra y The Beatles. Nos visitó en 1953, cuando gobernaba el Perú Manuel A. Odría (1948-1956), y realmente fue un completo alboroto para las limeñas, que morían por conocerlo. Hasta la vida política peruana, por ese entonces concentrada en el asilo de Haya de la Torre en la Embajada de Colombia, cayó extasiada. Como muchos otros artistas sudamericanos -fue el caso de la extraordinaria argentina Libertad Lamarque (1908-2000) o en los 80, la peruana Tania Libertad (1952)-, emigró a México, donde triunfó viendo transformarse el mundo bipolar hacia otro unipolar o multipolar, en plena globalización.

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