Opinión

Luego de dos años

El “caiga quien caiga” no puede ser más una frase cliché. Se han levantado al país en peso y tiene que haber responsables

06 de Diciembre del 2018 - 01:45 IVÁN SLOCOVICH PARDO

Cuando hace dos años, en diciembre del 2016, se reveló la información de que la empresa brasileña Odebrecht había admitido en Estados Unidos el pago de sobornos a funcionarios públicos de diferentes países, incluyendo el Perú, para asegurarse la adjudicación de obras, se pensó que en pocos meses comenzaríamos a conocer los detalles de toda la trama de corrupción que en nuestro caso salpicaba a todos los gobiernos desde el 2011, incluyendo a dos gestiones ediles en Lima.

Sin embargo, recién ahora las autoridades peruanas están por lograr un acuerdo específico con exdirectivos de esa compañía, entre ellos Jorge Barata, para aclarar las cosas y poder procesar a los peruanos que se dejaron sobornar por los corruptores brasileños, algo que el país reclama, pues la sensación de impunidad se respira en el ambiente, más aún si recordamos la situación del prófugo Alejandro Toledo, quien desde California sigue alegando “persecución política”.

De cerrarse el acuerdo, la justicia tiene que actuar con rapidez y sin distinción. Acá debe trabajarse con la ley en la mano, con coherencia y sin simpatías o antipatías políticas. Y uso la palabra “coherencia” porque en los últimos meses hemos visto situaciones en las que, por ejemplo, a unos se les dicta arresto preventivo, como en el caso de la voleibolista Jessica Tejada, mientras que otros andan libres pese a las acusaciones directas que ya han llegado desde Brasil.

Desde un principio el Ministerio Público no ha estado a la altura del gran reto que implica el caso de corrupción que tiene como protagonistas a las constructoras brasileñas. La más grande muestra es la fuga de Toledo. Es de esperarse que ahora, pese a los innegables cuestionamientos al fiscal de la Nación, Pedro Chávarry, podamos llegar al fondo de estos hechos, por los que tienen que caer todos, de reyes a pajes, si es que han delinquido.

El “caiga quien caiga” no puede ser más una frase cliché. Se han levantado al país en peso y tiene que haber responsables, pero de acuerdo a ley, sin fiscales y jueces obsesionados con determinados personajes y benevolentes con otros, pues eso desvirtúa la aplicación de justicia que todos reclaman. Si en adelante no se hace un buen trabajo, seguiremos sintiendo que nos han metido la mano al bolsillo y que acá todo sigue igual, como ha sido casi siempre.

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