Opinión

Luego de la condena a SL

COLUMNA: IVÁN SLOCOVICH

13 de Septiembre del 2018 - 07:30 IVÁN SLOCOVICH PARDO

Tiene razón el ministro de Defensa, José Huerta, al afirmar que la condena a cadena perpetua a la cúpula de Sendero Luminoso por el atentado de la calle miraflorina de Tarata es un aliciente para los militares y policías que en estos momentos combaten en el Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem) con el objetivo de dar el golpe final a esa otra facción criminal que sigue viva: los remanentes terroristas convertidos hoy en vulgares narcotraficantes.

Sin embargo, tengamos en cuenta que la tarea en el Vraem no es fácil, como creen algunos militares y policías retirados, o determinados “opinólogos” que de Chosica o Cieneguilla no han pasado y, por lo tanto, no conocen las duras condiciones en que las fuerzas especiales tienen que combatir contra las columnas narcoterroristas que actúan agazapadas en medio de la tupida selva y en condiciones geográficas y climáticas que les ofrecen grandes ventajas.

Vale recordar que actualmente no todos los miles de efectivos desplazados en la zona están dedicados a cazar a los asesinos encabezados por el delincuente “José”, quien es secundado por el sanguinario “Raúl” y por “Olga”. Solo 800 militares y policías de fuerzas especiales del Comando Especial Vraem y del Comando de Inteligencia y Operaciones Especiales Conjuntas (CIOEC) hacen esta tarea. Los demás efectúan labores de “control territorial”.

Precisamente, casi el 60 por ciento de los uniformados del Vraem tiene que permanecer en la zona en representación de un Estado ausente del lugar desde siempre. Si no hubiera soldados y policías en esa agreste zona de selva alta, no habría nada y se estaría dando nuevamente la oportunidad a delincuentes de todo tipo para que actúen con total impunidad. En otras palabras, hacen las tareas que no llevan a cabo los civiles.

Mientras las fuerzas especiales hacen su trabajo contra los narcoterroristas, que en las últimas semanas han recibido certeros golpes en operaciones con helicópteros que siempre son recibidos a balazos desde las partes altas de los cerros cubiertos de vegetación, el resto del Estado, más bien, debería ocuparse más de la población del Vraem, que necesita colegios, hospitales, carreteras y atención de todos los sectores, pues no lo está haciendo. Así también se enfrenta a “José” y compañía.

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