Opinión

MADURO DEBE SER DERROCADO

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

26 de Febrero del 2018 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Cualquier intento para sacar del poder a Nicolás Maduro es válido. Los levantamientos contra las dictaduras, tiranías, autarquías, regímenes totalitarios, corruptos e inmorales están amparados en el derecho de insurgencia previsto en la doctrina del derecho constitucional y en la ciencia política que los legitima. La Constitución de Venezuela lo contempla, llamándolo derecho de rebelión en sus artículos 333° y 350° al prescribir que “…el pueblo de Venezuela (…) desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos”. Las recientes declaraciones del exalcalde de Caracas Antonio Ledesma, quien escapó de la tiranía, llamando a su derrocamiento, está inscrito en esta justificación que relieva por su convicción de recobrar una democracia hoy secuestrada.

Es verdad que Ledesma pide a la comunidad internacional que intervenga, pero también lo es que dicha intervención no podrá ser por la vía militar. No solo porque provocaría una masacre con enorme costo en vidas humanas, sino porque las invasiones territoriales en la sociedad internacional del siglo XXI ya están proscritas. Debo entender que Ledesma está refiriéndose a la presión internacional, principalmente la de carácter económico por medio de sanciones. Venezuela debe ser bloqueada, solo así el gobierno abortará porque las fuerzas internas, incluidas las adictas chavistas que aún existen, no le van a perdonar que no haya qué comer. En ese instante, a Maduro se le va a sacar del poder, pero será por una acción democrática promovida desde las propias entrañas del chavismo y del militarismo, que hasta ahora se ha mostrado pegado a su causa, básicamente por intimidación o por actitud febril colectiva. América debe tenerlo claro: Maduro no saldrá del poder por declaraciones o condenas políticas colectivas o con solamente protestar con una velita misionera. Nadie así lo quiere, pero saldrá por un levantamiento -puro realismo político- que terminará profundamente legitimado.

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