Opinión

MADURO DESINVITADO Y DIPLOMACIA CONTINGENTE

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

15 de Febrero del 2018 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Todo fue puesto en la balanza y al final se prefirió lo menos catastrófico, es decir, desinvitar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, de la VIII Cumbre de las Américas, que reúne a los jefes de Estado y de Gobierno del hemisferio y que tendrá lugar aquí en el Perú. Siempre hay que actuar con realismo político y por eso apoyo la decisión, más allá de que fue un error haber invitado al dictador y asesino presidente chavista. Con Maduro en Lima, la Cumbre hubiera sido de pronóstico reservado. Se debe evitar el fuego cruzado entre los gobernantes asistentes. Todavía nos queda en el recuerdo la respuesta del rey Juan Carlos de España al desaparecido Hugo Chávez increpándole con la famosa frase “Por qué no te callas” luego de que el mandatario llanero interrumpiera una y otra vez la intervención del presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, durante la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno en Chile en 2007. Hechos como el episodio que acabo de narrar siempre deben ser evitados. Ahora bien, frente a esta decisión del Gobierno del Perú, en perfecta sintonía con el Grupo de Lima, que además ha convenido rechazar las elecciones en Venezuela, tal como lo hizo EE.UU. y la Unión Europea la semana anterior, lo que se debe priorizar en adelante es una diplomacia contingente, pues Maduro no se va a quedar de brazos cruzados. Herido políticamente en la región, buscará victimizarse y en represalia hará todo para boicotear la cumbre manipulando a los países del ALBA -bloque promovido por el difunto Chávez e integrado por países centroamericanos, principalmente-, para convencerlos de no venir a Lima para la Cumbre. Finalmente, está claro que Rex Tillerson, el secretario de Estado estadounidense, vino al Perú hace pocos días para condicionar la asistencia de Donald Trump. El Gobierno por supuesto que dirá que no es verdad y es comprensible que lo niegue -se trata del hegemón del planeta-, porque la soberanía de un Estado no solo debe serla sino también parecerla. 

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