Opinión

Maduro, el paria

COLUMNA: IVÁN SLOCOVICH

15 de Febrero del 2018 - 07:30 IVÁN SLOCOVICH PARDO

Al gobierno del presidente Pedro Pablo Kuczynski se le pueden criticar muchas cosas, demasiadas quizá, pero lo que nadie puede discutir es su decidida e inigualable postura frente a la dictadura venezolana de Nicolás Maduro, que ahora se ha traducido en el liderazgo del Perú para rechazar, en el ámbito del Grupo de Lima, la visita al Perú de este sujeto con motivo de la Cumbre de las Américas, a realizarse en abril próximo.

Como peruanos, todos debemos respaldar esta postura democrática y respetuosa de los derechos humanos y las libertades que expresó el martes último la canciller Cayetana Aljovín, haciéndonos olvidar por un momento la posición cómplice que tuvo en el pasado la administración de Ollanta Humala, que incluso contaba con ministros que se promocionaban como grandes “demócratas” cuando en realidad jamás, en su momento, marcaron distancia con el chavismo.

Maduro ha quedado descolocado y es de esperarse que no venga por acá a hacer demagogia y a caldear los ánimos de una cumbre en la que se tratará un tema muy delicado para las democracias: la corrupción. La reunión es vital como para que la atención tenga que distraerse con el histrionismo y patrioterismo del personaje. Si viene, que lo reciban los congresistas de izquierda que tanto lo quieren y le hagan olvidar el rechazo callejero que generaría su “no bienvenida” visita.

Pero más allá del rechazo a la presencia de Maduro en nuestro país, es importante la declaración dada por la canciller Aljovín a nombre del Grupo de Lima en el sentido de que también se ha rechazado el remedo de elecciones adelantadas que en breve hará el chavismo para perpetuarse en el poder a fin de seguir desangrando a todo un país que lleva casi dos décadas bajo el imperio del llamado “socialismo del siglo XXI”.

Hace muy bien el gobierno peruano, que además va en la misma línea del Congreso -con la oposición de la izquierda-, claro en dejar como un paria regional a Maduro, el hombre de los poderes absolutos y de la corrupción absoluta que no puede ser fiscalizada. Bien Palacio de Gobierno, bien Torre Tagle, bien Poder Legislativo; mal los “camaradas”, a los que ojalá el elector sepa castigar por aliarse con una tiranía impresentable.

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