Opinión

Maduro neutraliza libertad de expresión

​No sorprende la decisión de Nicolás Maduro de ordenar en toda Venezuela el retiro de la señal de la poderosa cadena Caracol, de Colombia. La actitud del gobierno gendarme llanero es la respuesta abusiva de la dictadura, que no sabe tolerar la difusión de opiniones discrepantes.

25 de Agosto del 2017 - 10:44 Miguel Ángel Rodriguez Mackay

No sorprende la decisión de Nicolás Maduro de ordenar en toda Venezuela el retiro de la señal de la poderosa cadena Caracol, de Colombia. La actitud del gobierno gendarme llanero es la respuesta abusiva de la dictadura, que no sabe tolerar la difusión de opiniones discrepantes. Maduro controla todo y si alguien aún lo dudaba, pues esta arremetida contra un medio de comunicación extranjero lo confirma. 

Siendo así con los medios extranjeros, ya podríamos imaginar cuán atropellador debe ser con la prensa venezolana disidente. El objetivo chavista es que nadie hable de lo que pasa realmente al interior de Venezuela, convirtiendo al silencio, entonces, en una de sus prácticas más execrables para neutralizar su vulnerabilidad. Las dictaduras y los regímenes totalitarios en América Latina siempre han buscado callar a las manifestaciones democráticas. Por esa razón jamás fui velasquista, aunque reconozco el ideal nacionalista -algo que siempre he creído fundamental para la unidad y el desarrollo de mi patria- que Juan Velasco Alvarado quiso para el Perú, pero siempre reprobé su actitud nefasta de quitar los medios de comunicación a sus legítimos propietarios. 

Por ejemplo, cuando confiscó los emblemáticos diarios Correo y Ojo aquel lúgubre 27 de julio de 1974 en que el poder militarista peruano buscaba erradamente congraciarse con Cuba y la entonces Unión Soviética. Luego llegó Francisco Morales Bermúdez Cerruti que pudo y debió devolverlos antes del retorno a la democracia en 1980 -hubiera atenuado su estigma de dictador coludido con el Plan Cóndor por el que si hoy decidiera salir del país, sería inmediatamente encarcelado por la justicia italiana que este año lo ha condenado, junto a 8 exmilitares de la región, por la muerte de más de 20 ítalo-latinoamericanos en los años 70-, pero no lo hizo porque le faltó valor -algo que sus coetáneos siempre le achacaron-, dejando que Belaunde, un demócrata a carta cabal, lo hiciera apenas asumió su segundo gobierno (1980-1985), después del exilio que padeció por el golpe de Estado de la Junta Militar del 3 de octubre de 1968.

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