Opinión

Maduro y su reino de las tinieblas

​Nicolás Maduro preside a sus anchas el reino de las tinieblas. No podía ser de otra manera. Por él todo en Venezuela es oscuro, convirtiéndose en un país donde su población vive en la mayor oscuridad por el capricho y la obsecuencia del gobernante de facto

10 de Marzo del 2019 - 10:03 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Nicolás Maduro preside a sus anchas el reino de las tinieblas. No podía ser de otra manera. Por él todo en Venezuela es oscuro, convirtiéndose en un país donde su población vive en la mayor oscuridad por el capricho y la obsecuencia del gobernante de facto que ha sido incapaz de solventar una nación con desarrollo de infraestructura mínima, considerando que cuenta con el mayor recurso natural del planeta: el petróleo. A Maduro, como a Satanás, la luz le molesta, lo irrita, le hace daño, no la soporta. Pero en el país llanero no es solo que el régimen yace en la más completa oscuridad. No. La ciudad, sus hospitales, sus calles, todo yace apagado porque los servicios de alumbrado están colapsados, y en ese contexto se produce el mayor número de delitos, quedando todo bajo el imperio de la barbarie. Así, Venezuela poco a poco ha terminado en convertirse en el país más peligroso del mundo, donde mueren casi 30 mil personas al año. La delincuencia y otras fechorías, entonces, se han convertido en una regla. Al dictador le conviene que la anarquía y el caos se impongan en el día a día en el país. De esa manera tendrá mil motivos para imputar al imperialismo y al capitalismo las desgracias del país. En realidad y en el fondo, todo en Venezuela está a oscuras porque el régimen quiere pasar inadvertido, pero, a estas alturas del panorama internacional, eso es prácticamente imposible. Un país sin luz es ideal para un tirano y corrupto como Maduro que a cualquier precio está haciendo todo para que nadie lo delate; sin embargo, también a estas alturas del partido, todos dentro y fuera de Venezuela sabemos de su calaña. Ayer, mientras sucedían las nuevas manifestaciones de protesta en todo el país, siempre lideradas por el presidente interino del país, Juan Guaidó, el dictador Maduro tramó una oscuridad sin precedentes para opacarlo y no lo consiguió. Guaidó sabe de sobra que las protestas no pueden detenerse y Maduro sabe de memoria que, mientras las protestas se den, se irá consumando su desgaste hasta que caiga. Así ha sucedido en el pasado en la historia de la sociedad internacional, de manera que Maduro caerá de todas maneras, pues el tiempo está jugando su partido.

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