Opinión

Más iguales que otros

Columna: ROLANDO RODRICH

05 de Diciembre del 2017 - 07:00 Rolando Rodrich

La gente suele llamarlos delincuentes de cuello y corbata, cuestión que describiendo una realidad no deja de llevar una connotación sectaria que no me gusta. Porque se supone que la justicia es o debe ser ciega, incapaz de distinguir quién delinque con una ropa u otra. Y es que a los “robacelulares” y “marcas”, la Policía suele trepar a un altillo frente a los fotógrafos y tirarles de los pelos para que dejen ver sus rostros. No sé si se habrán dado cuenta, pero las víctimas del robo hemos sido nosotros, tu y yo, es dinero nuestro el que se han estado birlando estos señores. Se organizaron para romperle la mano a ese brichero y borrachín que tuvimos de presidente. Qué estarán pensando ahora los cientos de empresarios, constructores o proveedores de otros servicios, que han hecho o hacen lo mismo que estos socios de Odebretch. Porque el robo o la defraudación y colusión contra el Estado no cambia de nombre si se trata de un sol o de miles de millones de soles, sigue llamándose robo. Es difícil sacarnos prejuicios y estereotipos de la cabeza, pero no conduce a nada bueno que nuestro juicio personal haga diferencias entre la procedencia o condición de quienes roban (roba para comer, roba por codicia), entre quienes roban más o roban menos, o entre quienes son las víctimas del robo (Robin Hood le robaba a los ricos para darle a los pobres, según la leyenda). En la Rebelión en la granja, la sátira de George Orwell, el mandato supremo de la nueva constitución es que “todos los animales son iguales”. Pero no pasará mucho tiempo para que los líderes de la rebelión, los cerdos, habiendo ya adquirido los mismos vicios de los humanos que expulsaron de la granja, modifiquen ese mandato con este otro: “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”

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