No hay duda que el ministro del Interior, Alfonso Chávarry, es un personaje con muchísima suerte, pues a pesar del desmadre de su gestión que incluye la responsabilidad –por lo menos política– en las muertes ocurridas durante las protestas de la semana pasada y la fuga del impresentable exsecretario palaciego Bruno Pacheco y los sobrinísimos del presidente Pedro Castillo, sigue en su cargo como si nada. Ni renuncia ni lo expectoran por incompetente.

No solo lo vemos fracasar en la lucha contra la delincuencia común pese a que el gobierno dispuso la salida de las Fuerzas Armadas a las calles cuando estas no están preparadas para hacer frente a pistoleros, asaltantes y ladrones de celulares. También ha hecho el trabajo sucio de mandar a agentes de la Policía Nacional a obstaculizar la labor de la prensa cuando ha intentado acercarse al presidente Castillo para que hable sobre su gobierno.

En el caso de los desmanes de Junín e Ica de la semana pasada, hemos tenido ocho muertos, pero con el señor Chávarry no es. Por la cuarta parte de los recientemente fallecidos, vemos a exministros del breve gobierno de Manuel Merino para los que se han pedido 30 años de cárcel. En cambio, al actual jefe del sector Interior ni se le pide la renuncia. Qué suerte tiene de ser parte de un régimen respaldado por una izquierda que no ha salido a las calles a pedir que lo metan en un penal.

En los últimos días hemos sabido del nombramiento de un cuestionado coronel en retiro de la Policía Nacional como viceministro de Orden Interno, todo esto mientras Pacheco y los sobrinísimos declaran ante la justicia desde su condición de prófugos. ¿Quién los dejó escapar? Ayer nuevamente hemos sido testigo del caos que es Migraciones, donde ya no hay pasaportes y la gente se está quedando sin viajar. Esta institución que en algún momento llegó a ser eficiente, hoy está de cabeza.

No todo en una buena gestión de ministro del Interior consiste en tomarse fotos en helicópteros, alentando policías antes de un operativo o en la destrucción de pistas para avionetas del narcotráfico. Si el presidente Castillo decide cambiar de ministros ante el desastre que es el equipo que encabeza Aníbal Torres, debería comenzar por el señor Chávarry quien no da la talla en un sector que en los últimos meses ha sufrido un desacalabro.