Opinión

Mirando el año electoral para México

El rostro político de México para este 2018, entonces, es muy complejo

24 de Febrero del 2018 - 07:35 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

El próximo 31 de marzo comenzará formalmente la campaña electoral en México, mirando a las elecciones presidenciales del domingo 1 de julio. La llaman oficialmente Proceso Electoral Federal, porque ese día también serán elegidos 128 senadores y 500 diputados federales en un país de casi 120 millones de habitantes. El rostro político de México para este 2018, entonces, es muy complejo. De un lado, un Gobierno tremendamente agotado y debilitado como el de Enrique Peña Nieto, que se convirtió en una de las mayores desilusiones para el pueblo azteca, ha llevado al abismo al histórico Partido Revolucionario Institucional, o simplemente PRI, que surgió de las entrañas de la histórica Revolución Mexicana (1910-1920) en que descollaron Emiliano Zapata y Pancho Villa. Peña Nieto ha burlado las formas del partido que lo hizo presidente al descartar a sus militantes para que sean promovidos en justas internas para la contienda electoral y al dedo -una práctica que también está muy arraigada en el Perú- ha preferido a José Antonio Meade, uno de sus principales colaboradores en el flemático gobierno que se va.

De otro lado, el Movimiento Regeneración Nacional o Morena, a secas, que lidera Andrés Manuel López Obrador, el dos veces candidato presidencial, vitoreado en los sectores sociales más oprimidos, siempre pegado al pueblo, como debe ser, aparece favorito en las encuestas en un momento de enormes desencantos nacionales. López Obrador, que militara en su joven adultez en el PRI, penetra con su discurso de izquierda a lo Lula o Chávez en cada pueblecito a lo largo y ancho del país, para transmitir la idea del cambio, recordándoles las bases nacionalistas que inspiraron la revolución de comienzos del siglo XX y de enorme impacto en la sociedad mexicana. En medio de los dos candidatos aparece a discreción Ricardo Anaya, candidato de México al Frente. A estas alturas, López Obrador no tiene competencia y preocupa el destino, hasta ahora sin luz al final del túnel, de un país violentado estructuralmente.

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