Opinión

Mucho ruido, pocas nueces

Fuerza Popular difícilmente se quede tranquila después de la cuestión de confianza

23 de Septiembre del 2018 - 11:02 Pedro José de Zavala

El domingo pasado, el presidente Vizcarra planteó una cuestión de confianza con la intención de presionar al Congreso para que este avance las propuestas en las reformas judiciales y políticas que serían llevadas al referéndum de diciembre.

La decisión del Presidente logró que el Congreso avanzara a una velocidad expedita lo que no había logrado en mes y medio. La realidad, sin embargo, es que la confianza fue otorgada sin compromisos claros respecto de los avances, y la votación de Fuerza Popular dejó muy en claro que no están dispuestos a dejar que el Presidente disuelva el Congreso, pero tampoco que se someterán a su voluntad. Así lo expresaron en distintas formas los voceros y la lideresa del partido, quien parece no sentirse cómoda con las acciones del Ejecutivo, pero que lamentablemente no logra revertir su baja popularidad ni quitar el foco político en el Congreso y el referéndum.

Las consecuencias al día de hoy de la cuestión de confianza planteada por Vizcarra son pocas. La principal posiblemente sea que en los próximos sondeos de opinión la aprobación del Presidente haya mejorado, y la del resto de los actores políticos se mantenga igual o se deteriore más. Por otra parte, Fuerza Popular difícilmente se quede tranquila después de esto. El enfrentamiento con Vizcarra es abierto y buscarán pasarle la factura, tarde o temprano. Si bien la imagen del fujimorismo está muy deteriorada y no pareciera ser bueno para ellos continuar con los enfrentamientos, pareciera que no estén dispuestos a quedarse tranquilos y legislar. Es indudable que el poder que tienen en el Congreso es muy grande y pueden seguir complicando al Gobierno y a todo el país.

Concluimos que lo sucedido esta semana es lamentablemente un avance parcial, que ha logrado exacerbar los ánimos y mejorar la percepción del Ejecutivo, algo bueno para un gobierno débil, pero que no ayuda a mejorar la gobernabilidad del país. Continuamos estancados, con pocas posibilidades de mejoría, y deteriorando la credibilidad de los ciudadanos en el sistema democrático y sus actores políticos.

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