Opinión

Mundo Libre

COLUMNA: MARTÍN SANTIVÁÑEZ

14 de Marzo del 2019 - 07:00 Martín Santivañez

Hace unos años tuve el privilegio de visitar las instalaciones de Mundo Libre, la institución que desde hace 36 años dirige Marilú de Cossío de Gonzales Posada. Fue una de las experiencias más importantes que he tenido desde que regresé a vivir al Perú. Recuerdo que una vez el profesor Rafael Domingo Oslé me dijo, durante una visita a Lima para recibir un doctorado honoris causa, que caminar por las calles de nuestra ciudad había producido en él un sentido de urgencia, la necesidad de no conformarse con el panorama de pobreza y de cambiar las cosas solucionando los problemas. El peligro, me dijo el profesor Domingo, es “que te acostumbres y no te duela la pobreza de tu país”.

Nunca me acostumbraré a las miserias del Perú. Recuerdo mucho esa conversación y la uno a mi visita a Mundo Libre porque Marilú ha construido, piedra sobre piedra, con sangre, sudor y lágrimas, un modelo institucional del que todos los peruanos nos debemos sentir orgullosos. Ella jamás se acostumbró a ver niños destruidos por la droga y la prostitución. Solucionando problemas allí donde se encuentran, miles de niños y jóvenes han sido rescatados de las garras de la miseria moral y hoy tienen un futuro porque ella se rebeló y nadó contra la corriente para salvarlos de un porvenir indigno y oscuro. ¡Qué gran país sería este si hubiese un puñado de mujeres y hombres con el espíritu de la fundadora de Mundo Libre!

El Estado no aporta un centavo en esta gran labor social. No importa. Para hacer historia no se necesita del vaivén de la política. Solo hacen falta ángeles que entreguen su vida para regenerar el Perú. Como Marilú.

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