Opinión

“Naranja” partida

Si el fujimorismo quiere ser una alternativa viable para el 2021, tiene que ajustar varias clavijas

21 de Julio del 2017 - 07:03 Iván Slocovich

Uno de los principales activos del fujimorismo como fuerza política ha sido siempre su unidad y la poca facilidad con que han mostrado hacia afuera sus discrepancias internas. Por ello, para Fuerza Popular debe de ser un golpe muy duro el momento que atraviesan hoy por la postura de Kenji Fujimori, el menor de la familia, quien ha creado un cisma que ha hecho intervenir nada menos que al líder histórico desde su celda en la Diroes.

Con los tuits del miércoles último, lanzados por Alberto Fujimori en respaldo de su hijo menor, quedan de lado las teorías que afirmaban inicialmente que la actitud rebelde de Kenji era parte de una estrategia diseñada en laboratorio junto con su hermana para ampliar el espectro de aceptación popular de su familia con miras al 2021, pues ningún audaz estratega “naranja” en su sano juicio podría haber afectado la siempre bien vista unidad del fujimorismo.

Desde que el fujimorismo existe, Kenji fue visto por muchos como un actor secundario, primero bajo la sombra de su padre y más tarde de su hermana. No obstante, el día mismo de la segunda vuelta del año pasado, al no acudir a votar, los peruanos nos dimos cuenta de que algo no iba bien. Ya en los últimos meses las discrepancias se hicieron evidentes por más que algunos quisieron mantenerse ciegos al tratar de bajarle la llanta a las actitudes del menor de los Fujimori.

Ahora con el apoyo del padre a Kenji, ante una sanción dada por Fuerza Popular en la noche del martes, la cosa cambia, pues incluso ya han aparecido las voces de los fujimoristas “históricos” dejados de lado para los comicios de 2016, quienes han comenzado a cuestionar el cisma. Por ejemplo, entre estas personas deben haber caído muy mal las palabras del congresista Rolando Reátegui, quien mandó a tomar agua de azahar al recluso de la Diroes.

Si el fujimorismo quiere ser una alternativa viable para el 2021, tiene que ajustar varias clavijas que andan sueltas tras la derrota de 2016, que parece haber sido mucho más traumática de lo que parecía. Lo de “keikistas” y “kenjistas” es una realidad que, por más que quiera ser tapada por algunos, puede ser un gran pasivo que, si no es solucionado a tiempo, quizá contribuiría a dejar sin efecto esa vieja frase que dice que “a la tercera va la vencida”.

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