¿Es válido sostener que la violencia provocada por agentes estatales tiene el mismo valor que las acciones violentas ejecutadas por miembros de organizaciones terroristas como Sendero Luminoso y el MRTA? Esa es la narrativa que opera detrás de las discusiones que afloran cuando se analiza el espacio de El Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social – LUM. ¿Qué es terrorismo? En el año 2002, la Conferencia Episcopal Española publicó una Instrucción titulada ‘Valoración moral del terrorismo’. Este documento sostiene que el terrorismo es una forma específica de violencia armada, y dice: “Entendemos por terrorismo el propósito de matar y destruir indistintamente hombres y bienes, mediante el uso sistemático del terror con una intención ideológica totalitaria. Las acciones terroristas no se refieren sólo a un acto o a algunas acciones aisladas, sino a toda una compleja estrategia puesta al servicio de un fin ideológico”. No podemos equiparar ni calificar de idéntica manera las acciones violentas de algunos agentes estatales con una organización terrorista dotada de ideología, alimentada por la tendencia maoísta de llevar adelante una “guerra popular prolongada”; que tenía propósitos políticos específicos como el de alterar el orden constitucional, reorganizar jurídicamente el Estado, e implantar un sectarismo ideológico a gran escala. El terrorismo persigue la extensión del terror para debilitar el sistema político establecido. Es insostenible igualar a agentes de las fuerzas estatales con miembro de organizaciones subversivas que le declararon la guerra al Estado y a la población civil. Por cierto, en su artículo Los fantasmas del LUM, en El Comercio, Adriana Tudela ha planteado una crítica similar.
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