El flamante ministro del Interior, Mariano González, no tiene otra alternativa que capturar a los impresentables Juan Silva, Bruno Pachaco y el sobrinísimo Fray Vásquez, para lo cual supongo que habrá tenido una franca conversación con el presidente Pedro Castillo a fin de exigirle autonomía en el trabajo y ponerle en parche a modo de advertencia, en el sentido que no aceptará presiones para impedir por acción u omisión, los arrestos de los mencionados prófugos.

Si González no ha hecho esto, no me quedan dudas de que en pocas semanas el nuevo titular del Interior, el sexto de este régimen, pasará a la historia como otro Dimitri Senmache, o ingresará a engrosar la lista de tristes ministros como Aníbal Torres o Alejandro Salas, que más bien parecen cómplices de las andanzas del mandatario y de los fugados, que han sido personajes del entorno más cercano del inquilino precario de Palacio de Gobierno.

No olvidemos que el jefe del Estado es sindicado por el Ministerio Público como el cabecilla de la banda que integran Silva, Pacheco y Vásquez, y que si no está también prófugo o en la cárcel, es porque lo salva su investidura. Su situación es más que complicada y dudo que González, quien no es del entorno del mandatario, esté empeñado el jugársela por este personaje que podría dejarlo más chamuscado que la manera en que salió del Ministerio de Defensa en 2016.

Si esas tres joyas no han caído hasta ahora, es porque desde “arriba” han ordenado que así sea. No tengo la menor duda. Acá cuando la Policía Nacional quiere poner tras las rejas a alguien, lo hace en pocos días, incluso cuando están fuera del país. Recordemos casos como los de Rodolfo Orellana o Gerson Gálvez (a) “Caracol”. Y ni qué decir de cómo cayeron delincuentes de alto vuelo como Abimael Guzmán y Víctor Polay, pese a ser parte de grandes bandas.

Lamentablemente, en la actual coyuntura política generada por el régimen de Castillo y su entorno de terror, la eficiencia de un ministro del Interior no se mide por si compra más patrulleros o si entra de madrugada a hacer operativos con la Policía Nacional en San Jacinto o Los Barracones, sino en su capacidad de liderazgo, independencia y profesionalismo para poner tras las rejas a prófugos de alto perfil, por más que vayan a poner en serios aprietos al mandatario.