Antes de que Keiko Fujimori pronunciara una sola palabra, la oposición ya había hablado. Congresistas de varias bancadas levantaron fotografías de víctimas de las protestas y abandonaron el hemiciclo. Los parlamentarios de Ahora Nación hicieron lo mismo, mientras el rey Felipe VI observaba desde las tribunas. La nueva presidenta gobernará, desde el primer minuto, con media sala vacía.
Aun así, juró defender la Constitución y consagrar su vida a la grandeza del Perú, y prometió gobernar exactamente cinco años, “ni un día más”. Su primer Mensaje a la Nación duró 45 minutos, apenas una fracción de las maratónicas cinco horas que llegó a extenderse alguno de los discursos de Dina Boluarte. Corto, pero cargado: siete objetivos de gobierno y anuncios concretos.
El sueldo mínimo sube a S/ 1.300. La Pensión 65 se duplica. Nace “Jóvenes con Futuro”, programa que promete reducir a la mitad el desempleo juvenil. En infraestructura, se compromete a terminar la Línea 2 del Metro de Lima y ejecutar las líneas 3, 4, 5 y 6. Todo esto mientras insiste en que no hay dos Perú, solo uno, “vibrante, multicultural, fuerte y milenario”, llamando a buscar coincidencias con los mismos que minutos antes le dieron la espalda.
Bonitas palabras. Perú las ha escuchado antes, de labios de casi todos sus presidentes, mientras las obras se caen a pedazos y los presupuestos regionales terminan sin ejecutar el último día del año. Por eso esta columna no se quedará con el aplauso protocolar de ayer. Cada promesa anunciada queda anotada, con fecha y con monto, para volver sobre ella dentro de seis meses, de un año, de cinco. El discurso ya se dio. El seguimiento empieza, aun con el bullicio de las palmas y los gritos en contra.
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