Opinión

NICARAGUA y LAS “REFLEXIONES” DE DANIEL ORTEGA

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

13 de Junio del 2018 - 07:30 Miguel Ángel Rodriguez Mackay

Los 146 muertos que a la fecha lleva Nicaragua por la irresponsabilidad e insensibilidad del régimen del sandinista Daniel Ortega, quien aplica la represión para lograr a cualquier precio permanecer en el alto cargo de presidente, no bastan para el nefasto gobernante. Ortega es consciente de que grandes y heterogéneos sectores sociales no lo quieren un instante más al frente del país. Precisamente, para aquietar las convulsas aguas y lograr que todo vuelva a su normalidad, Ortega solo debe hacer una cosa que le pide el país: dejar el poder ahora mismo. Está completamente desgastado y nadie lo quiere. Por eso, su propuesta formulada para que las elecciones presidenciales sean adelantadas -la transmitió a la Casa Blanca en la víspera- no ha tenido la acogida que esperaba. Washington por supuesto que no le ha creído nada, porque lo conoce de memoria desde los tiempos de sus febriles acciones guerrilleras. Cuando un actor visible de la política internacional como sucede con un jefe de Estado -es el caso de Ortega- se ve en la complejísima situación de ser tildado de presidente desgastado, debe dar un paso al costado para permitir la oxigenación política. Ortega cree que el poder le pertenece y esa pseudorealidad lo está consumando. Ahora nadie quiere sentarse en una mesa a dialogar con el presidente que suele jugar sucio, y cuando se halla en una situación de menoscabo y de vulnerabilidad. Ortega no puede ocultar la realidad y va a caer por las buenas o por las malas. Cada vez está más solo y aislado. La Iglesia, que creyó poder conseguir un resultado con equidad haciendo todo lo posible para que Nicaragua no vuelva a ser el país ensangrentado por la guerra interna que fue en los años ochenta, ya decidió no proseguir porque sencillamente no lo percibe como un actor serio ni de buena fe. El pueblo nicaragüense es el soberano y no va a detener su marcha hasta verlo fuera del poder. Para que el final de Ortega no sea trágico, entonces, debería negociar. Pide tiempo para reflexionar, pero la persistencia social lo va a vencer.

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