Opinión

No más agresión ni violación

Un país que acepta que violen y agredan a sus madres y a sus hijas es una sociedad sin futuro.

11 de Febrero del 2018 - 09:02 Pedro José de Zavala

Cada cierto tiempo nos indignamos por actos que nos hacen caer en la cuenta de que, en el Perú, el nivel de agresiones sexuales hacia las mujeres e incluso a las niñas está generalizado y es de niveles inaceptables. Pero luego parecemos olvidarlo hasta que se produce una nueva tragedia. Las cifras son alarmantes. Según los cálculos del periodista Luis Davelouis, se estiman 56,000 violaciones de niñas al año, y si revisamos las estadísticas del INEI, caeremos en cuenta de que existen más de 600,000 agresiones sexuales denunciadas cada año, a mujeres mayores de 18, la mayoría de las cuales se produce por personas cercanas a la víctima.

Estas cifras están disminuyendo, pero muy lentamente. Es posible que esto sea porque el Estado y sus instituciones, como la Policía, la Fiscalía o el Poder Judicial, están compuestos en su mayoría por hombres, muchos de los cuales podrían tener creencias similares o la percepción de que este tipo de conducta es tan común, que hasta puede ser tolerada.

Si bien es el Estado el llamado a enfrentar el problema aplicando políticas públicas concretas, es claro que es un camino muy lento. Debemos iniciar, desde la sociedad civil, un proyecto que ayude a sensibilizar, educar y por tanto prevenir toda clase de agresiones de género, y en especial las agresiones sexuales. Para ello es vital desarrollar un proyecto de educación masiva, lo que requiere el compromiso a largo plazo de los principales medios de comunicación. Todos ellos deberían sumarse a una campaña que enseñe a las mujeres y a las niñas sus derechos, alentándolas a denunciar a los agresores y a las autoridades que no acepten sus denuncias o que no tengan la celeridad que estos procesos requieren.

Los medios de comunicación y los periodistas no pueden resignarse a plasmar la barbarie, debemos buscar educar y generar conciencia. Esta es la única manera de lograr -junto con el Estado- un cambio profundo y verdadero. Un país que acepta que violen y agredan a sus madres y a sus hijas es una sociedad sin futuro.