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¡NO VOTES VICIADO!, columna de María Isabel León

Educadora y empresaria.

María León

Actualizado el 07/06/2026, 06:40 a.m.

En los últimos días he escuchado una y otra vez: “No voy a votar”, “voy a viciar mi voto”, “los dos candidatos son igual de malos”. Y cada vez que lo escucho me queda la misma pregunta: y después, ¿qué? Entiendo perfectamente la frustración. Entiendo la decepción que muchos sienten frente a nuestra clase política. Después de años de corrupción, promesas incumplidas e instituciones debilitadas, es natural que muchos ciudadanos sientan que ningún candidato los representa. Pero una democracia no nos exige votar cuando estamos contentos. Nos exige decidir precisamente cuando las opciones son difíciles. Porque hoy, no elegiremos entre candidatos perfectos e imperfectos. Elegiremos entre dos alternativas reales para gobernar el Perú durante los próximos años y sus consecuencias no serán las mismas.

Por eso, me preocupa cuando escucho decir que ambos candidatos son “exactamente iguales”. Porque una cosa es sentir rechazo y otra muy distinta es concluir que representan los mismos riesgos para el país. Las emociones son importantes. Pero no reemplazan al análisis. La cólera no reemplaza la reflexión y el desencanto no reemplaza la responsabilidad. Antes de decidir no votar o viciar tu voto, creo que vale la pena hacerse algunas preguntas: ¿Qué es lo más importante para mí? ¿La seguridad?¿La economía? ¿La lucha contra la corrupción? ¿La democracia? ¿La estabilidad institucional? ¿La gobernabilidad? Luego viene la pregunta más importante: ¿Cuál de los dos candidatos ofrece mayores garantías en aquello que considero fundamental? ¿Cuál representa menos riesgos y mayores oportunidades para el país? Porque eso es lo que realmente está en juego. Cada elección tiene consecuencias. Las decisiones que tomemos hoy afectarán la vida de millones de peruanos mañana. Por eso, creo que debemos resistir la tentación de votar desde la rabia. La rabia puede explicar nuestro malestar, pero no debe decidir nuestro futuro.

La historia demuestra que los países progresan cuando sus ciudadanos analizan, comparan y eligen con responsabilidad, incluso cuando ninguna alternativa los satisface plenamente. No entreguemos nuestra decisión a la frustración. No renunciemos a nuestra capacidad de influir en el rumbo del país. Informémonos. Comparemos. Pensemos. Y después decidamos. Porque el Perú necesita más ciudadanos que piensen y menos ciudadanos que se resignen. Este domingo votemos pensando en las consecuencias. Votemos pensando en el Perú: ¡No al estatismo, no al acomodo político, no a la improvisación, no a la subversión!

¡NO VOTES VICIADO!, columna de María Isabel León

Educadora y empresaria.

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