• Peru Quiosco
  • Política
  • Perú
  • Mundo
  • Deportes
  • Economía
  • Espectáculos
  • Tendencia
  • Videos
Últimas noticias

NUESTRO “HÉROE”, columna de María Isabel León

Educadora y empresaria

María León

Actualizado el 21/06/2026, 08:56 a.m.

La figura del padre ha cambiado con el paso de los años. Hubo tiempos en que los padres expresaban su amor principalmente a través del trabajo incansable, el sacrificio silencioso y la responsabilidad de sostener económicamente a sus familias. Más adelante surgieron modelos que incorporaron una mayor cercanía afectiva, diálogo y una participación más activa en la vida cotidiana de los hijos. Sin embargo, más allá de las diferencias en las formas, existe una esencia que permanece inalterable en el tiempo: La paternidad sigue siendo uno de los pilares fundamentales sobre los que se construye un hogar. Un padre representa una referencia de valores, esfuerzo, integridad y compromiso. Pero también es importante recordar algo que con frecuencia olvidamos: los padres son seres humanos. Nadie llega a la paternidad completamente preparado. No existe una escuela capaz de enseñar todas las respuestas ni un manual que permita evitar todos los errores. La mayoría aprende sobre la marcha, guiado por el amor, la intuición, la experiencia y el profundo deseo de hacer lo mejor para sus hijos.

Por eso, cuando miramos a nuestros padres con la perspectiva que dan los años, comprendemos que detrás de muchas decisiones hubo más amor que certeza; más intención de proteger que voluntad de imponer; más preocupación que perfección. Como cualquier ser humano, se equivocaron, tuvieron limitaciones, enfrentaron temores y cargaron con sus propias luchas. Sin embargo, siguieron adelante porque entendían que su misión era estar presentes, acompañar y sostener, aun cuando no siempre supieran cómo hacerlo.

La verdadera medida de un padre no está en la ausencia de errores, sino en la constancia de su amor, en su capacidad de levantarse después de cada dificultad y en su disposición a permanecer cerca cuando más se le necesita. Las formas cambian con cada generación, pero la esencia permanece: ser raíz y refugio, orientación y ejemplo, presencia y afecto.

Y para quienes ya no tenemos la suerte de tener a nuestro padre físicamente a nuestro lado, queda la certeza de que el amor auténtico no desaparece con su ausencia. Los padres que parten siguen viviendo en las enseñanzas que nos dejaron, en los valores que sembraron y en la huella imborrable que dejaron en nuestros corazones. Porque, como señaló Antoine de Saint-Exupéry, “lo esencial es invisible a los ojos”, y quizás por eso los mejores padres nunca terminan de irse: permanecen para siempre en aquello que ayudaron a construir dentro de nosotros.

NUESTRO “HÉROE”, columna de María Isabel León

Educadora y empresaria

Te puede interesar:

Perú y Suiza ponen en marcha proyecto para asegurar el acceso al agua ante un gran sismo en Lima

Día del Padre: Reniec revela los nombres inspirados en “papá” más registrados en el Perú

Tacna: Columnas de concreto en riesgo de colapsar en el colegio Antonio Encinas

Abuelo del chef Giacomo Bocchio es reconocido como Padre Tacneño 2026

Ver más de Opinión
Do Not Sell My Info
Privacy Settings