Lo sucedido en el norte del Callao y la provincia de Lima a causa de un catastrófico derrame de petróleo en el mar, en momentos en que un buque tanque descargaba combustible en la refinería La Pampilla, a cargo de la multinacional Repsol YPF, es un asunto muy serio como para que sea aprovechado por oportunistas y politicastros para hacer demagogia y llevar agua para su molino en momentos en que la prioridad es evitar mayores daños y sancionar a los responsables.

Ayer la televisión nos mostró a un grupo de congresistas de izquierda en la zona afectada, mostrando carteles alusivos a una nueva Constitución, mientras el día anterior otros dos legislados oficialistas difundieron una foto cargando un ave muerta por esta marea negra. Lo peor fue ver a jóvenes haciendo de “voluntarios” en la limpieza de las playas, cuando en realidad hacían propaganda a un aspirante a la Alcaldía de Lima.

Hay presencias que aparte de ser un estorbo, sin duda generan malestar. La tragedia ecológica que está afectando miles de metros cuadrados del litoral, no puede ser motivo para que unos vivazos estén ganándose algo. Esta vez que hay cámaras muchos aparecen, pero cuando esto sucede en la selva se quedan mudos, y más aun cuando los derrames de crudo se deben a roturas del oleoducto provocadas por gente que busca ser contratada para limpiar los daños, según suele reportar la Fiscalía.

Tengamos en cuenta que este derrame de petróleo no solo ha dañado la flora y la fauna. También viene afectando la economía de miles de personas, empezando por los pescadores, especialmente los de Ancón, así como a la gente que tenía algún negocio relacionado con las playas que han sido cerradas. Para ellos lo que sucede es una tragedia. Ya tienen bastantes problemas, como para tener que soportar a los políticos que les gusta robar cámaras, incluso al presidente Pedro Castillo que ayer hizo un poco de show.

Antes de salir a figurar y politizar este desastre, debería haber un consenso para tratar de remediar los daños y sancionar a la que sería la principal responsable de esta situación: la empresa Repsol, que generó el derrame de crudo, dio información ajena a la verdad respecto a la magnitud del suceso, inicialmente envió poca gente a hacer limpieza de playas con utensilios caseros, y finalmente trató de lavarse las manos de estas manchas negras que lleva encima.