Opinión

PARAGUAY: ¿REVIVE EL DICTADOR ALFREDO STROESSNER?

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

17 de Agosto del 2018 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

En Paraguay, un país pobre de Sudamérica -lo es el 25% de la población, que en total llega a los 6.7 millones-, que vivió como ningún otro pueblo de la región una masacre que pudo desaparecer por completo a los guaraníes en el siglo XIX durante la llamada Guerra de la Triple Alianza (1865-1870), acaba de asumir la presidencia Mario Abdo Benítez, uno de los políticos más jóvenes de este país y que pertenece a la generación de párvulos formados durante la dictadura de Alfredo Stroessner, que gobernó por más de 35 años (1954-1989) imponiendo como regla la mano dura que, como en todas las dictaduras de América Latina y del mundo -sean de derecha o de izquierda-, termina siendo un régimen violador de los derechos humanos. ¿Será que el nuevo gobernante, hijo de Mario Abdo, secretario privado y mano derecha de Stroessner, ha podido librarse de la influencia de su padre, fallecido en 2013, que formó el denominado “Cuatrinomio de Oro”, temido y hasta señalado de terrorífico cuarteto -los otros tres fueron el ministro del Interior, Sabino Augusto Montanaro; el ministro de Salud, Dr. Adán Godoy Giménez; y el ministro de Justicia, J. Eugenio Jacquet- que fuera el soporte perfecto del dictador? Es verdad que los hijos no tienen por qué llevar a cuestas las nefastas cargas impuestas a sus padres, pero también lo es que la influencia de estos sobre aquellos es inevitable. En el joven presidente, al que sus simpatizantes llaman “Marito”, que oxigena al histórico Partido Colorado y que viene de haber sido “entrenado” como senador -el mismo camino que Iván Duque en Colombia-, no se ha visto una crítica importante sobre la dictadura de Stroessner. Al asumir el mando ha dicho que combatirá la corrupción, y eso está bueno. Es rico como lo fue su difunto padre, quien seguramente le habría heredado una fortuna que sus detractores le imputaron acumulada por enriquecimiento ilícito llevándolo a la cárcel. Creo en la sangre renovada en el poder de un Estado, y Mario Abdo cuenta la gran oportunidad de su vida política, que deberá ser distinta y distante de la cuestionada de su padre. Veremos.

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