Opinión

Pensando en el litigante

COLUMNA: IVÁN SLOCOVICH

14 de Septiembre del 2018 - 07:30 IVÁN SLOCOVICH PARDO

En medio del desmadre del sistema judicial tras la difusión de los audios del escándalo, lo bueno es que poco a poco van aflorando personajes para el olvido no solo en las altas esferas del Poder Judicial y el Ministerio Público, sino también en las instancias inferiores, ahí donde normalmente no están puestos los focos de atención, ahí donde la podredumbre solo es percibida por los litigantes a los que se piden coimas o no ven justicia porque otro se compró a un juez o un fiscal.

Los jueces y fiscales no se vuelven corruptos o sinvergüenzas una vez que llegan a integrar la Corte Suprema de Justicia o la Junta de Fiscales Supremos. Los malos elementos lo han sido siempre. Y es por eso que en momentos en que todos pedimos cambios en el sistema judicial, sería pertinente que se mire con mucha atención a la “cantera” (cortes superiores, juzgados, fiscalías de provincias y demás), que es de donde salen los señorones que más tarde nos escandalizan.

Ayer se ha conocido, por ejemplo, la renuncia del presidente de la Corte Superior de Justicia de Lima Este, Jimmy García Ruiz, al que se acusa de haber pedido una coima de un policía preso, mientras que se ha hecho público que el juez penal de la Corte Superior de Justicia de Huaura, Galileo Mendoza Calderón, integrante del Consejo Ejecutivo del Poder Judicial, estaría ligado a la banda de delincuentes conocida como “Los ilegales”, que actuaba en la región Piura.

Las miradas que permitan la limpieza del Poder Judicial y el Ministerio Público tienen que ir a todas las instancias, ahí donde se libera a asesinos, violadores, extorsionadores, rateros, padres que no dan pensión a sus hijos y sujetos que maltratan mujeres, o donde los magistrados exigen plata a los litigantes que esperan largos años para una sentencia. Esto también tiene que ser erradicado si es que realmente se busca cambiar el sistema de justicia.

De nada servirá cambiar solo vocales y fiscales supremos, o poner a nuevos miembros del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), si abajo todo sigue entrampado en la misma inmundicia. La reforma debe de pensar en el litigante, en el ciudadano de a pie. Así también se evitará que los corruptos que hoy están en las instancias inferiores, en unos años lleguen a la cumbre y nos llenen nuevamente de indignación y vergüenza.

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