Opinión

Periodismo, entre la vocación y el sacrificio

El periodismo es puro sacrificio, dar información veraz y no esperar nada a cambio, y, a la vez, que las cosas cambien.

01 de Octubre del 2017 - 09:14 Renato Sandoval

Qué difícil es escribir de los periodistas cuando uno lo es. ¿Se puede ser menos objetivo que esto? Pero, créanme, nada es absolutamente objetivo -valga la redundancia- en el periodismo. Todos somos cuerpos con latidos y neuronas. En ese orden. Pero debemos escribir de nosotros y, como toda comisión, tenemos que cumplir con la tarea. ¿Y si en vez de halagarnos nosotros mismos -qué feo- metemos el dedo en la llaga?

Tal vez comencemos por describir -como lo dijo mi amigo Tito Barreda- quiénes son o no periodistas y si ejercen periodismo o solo difunden opiniones interesadas. Están mimetizándose con la profesión y creen que coger un micrófono, salir en pantalla o escribir columnas los hace integrantes de la manada. Porque una cosa es ser un periodista conformista y otra, bien lejos, periodista bamba. Engañar al público no es una opción.

Que me disculpen mis amigos de televisión, radio y portales web, pero ha sido la prensa escrita -otra vez valga la redundancia- la que trata al menos de restringir el ingreso de personal no autorizado. Así, las casas editoras prefieren reservarse el derecho de admisión. Not pass, please. ¿Quieres manejar una línea editorial y tu CV dice que eres administrador egresado de University of Cambridge? No, chocherita, vaya a la acera del frente. ¿Por qué la greciana frase “Zapatero, a tus zapatos” no quiere calzar en el ejercicio del periodismo?

Hay otros malos ejemplos. A mí me da vergüenza y rabia cuando me dice “coleguita” el tipo que se sienta en una cabina -o desde su cama-, lee las noticias del diario donde trabajas, así de bajadita nomás, y encima te da con palo cuando investigas a sus auspiciadores. No seas sinvergüenza, pues. Eso no es periodismo. Que te gusta ensalzar las obras de las autoridades que te ponen publicidad (es parte del contrato), que compartes las publicaciones con lamida incluida, que aclaras a un político -según tú, en busca de la verdad- cuando habla mal de su rival y tu compañero de chilingui. Perfecto. Eres asesor, comechado, amigo, pero ¿periodista? Nica.

Entiendo también que la calle es dura, que en el periodismo se sobrevive, que si decides formar una familia tu sueldo se acaba antes de escribir un tuit, que se almuerza cuando las aguas se han calmado, que ensucias ropa como recién nacido. Pero así es la vocación, que si cambias de aptitud te conviertes en el policía pesetero, en el político que adjudica obras a los promotores de su campaña, en el funcionario que juega a dos cachetes, o sea, en la persona a la que supuestamente fiscalizas con tus destapes. ¿No hay más carepalo que eso?

Feliz día a los periodistas que se comen las uñas una semana antes de fin de mes, a quienes reciben los reclamos de su familia por no estar en casa, por priorizar la verdad antes que atender a su estómago, a los que hace años no pasan Navidad en su hogar, como a los que llegan cansados a la medianoche, a los que tampoco pueden abrazar a los suyos en los días de la madre y el padre, y a quienes les importa un pepino el feriado largo decretado por el Estado. Va. A quienes están en esa ruta empinada por mera vocación. Todo por una noticia que luego apenas recordarán si la difundiste.

Al final, si se dan cuenta, el periodismo es puro sacrificio, dar información veraz y no esperar nada a cambio, y, a la vez, que las cosas cambien. Que no vengan con el cuento de que soy investigador, que tengo mis fuentes, que me tumbo a tal o cual; pero, en mis ratos libres, cuando dejo el oficio y me alejo del ordenador, doy consejos anillados al recibo por honorarios a quienes ejercen el poder absoluto gracias a tu silencio. Como si el hombre dividiera su mente entre la honradez del periodismo y el lucro de las asesorías, salvo algún nuevo método de esa ciencia todavía desconocida.

Ojalá y algún día comencemos nosotros mismos por hacernos every day una autocrítica sincera. ¿Qué hemos hecho hoy por ennoblecer esta profesión? ¿Estuviste convencido de lo que publicabas y decías frente a la cámara? ¿Tu autoestima se resume en que te responda un político? ¿Crees, honestamente, que sirves para seguir buscando la verdad e inmolarte en el trabajo? Vamos, que hay jóvenes que tienen una esperanza por mejorar el periodismo y devolverle el valor que se merece a la búsqueda de la verdad, a contar las historias que otros quieren ocultar. Hay gente, hay vocación, hay periodismo, al público. ¿Qué más se puede pedir?

Punto a parte. A quienes ejercieron alguna vez el periodismo, un consejo, se ve recontra out of place y ridículo despotricar de la profesión que antes vanagloriabas. ¿O sea, te fuiste de un medio de comunicación y todo se fue al carajo? ¿Ahora haces relaciones públicas, lo que antes criticabas, y vienes a dar sermones? ¿Eres activista de causas perdidas? ¿Nunca has pisado una redacción ni sala de edición y crees que el periodismo ya no existe? Fuera de acá, pipiol@. 

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