LUIS LEDESMA No solo el Perú y su lado más crítico reflejan una realidad de desigualdad histórica, sino, que es ésa realidad la causa de vergüenzas ajenas y de oprobio maquillado en una clase política que solo resalta lo bueno y las fortalezas dejando de lado las inacabables debilidades y flaquezas que siempre han polarizado nuestra nación, que siempre la ambivalencia ha separado en dos y hasta más lados los segmentos de peruanos que teniendo demás no se fijan en tamaña miseria que soporta el engranaje de producción nacional, y el otro espacio de quienes siguen haciendo de bestias de carga en pleno siglo XXI. Y allí están relucientes los lados opuestos muy peruanos e inacabables? están en Puno con sus más de sesenta niños muertos de frío en pleno siglo de la modernización el desarrollo y la cantadísima globalización. Allí están los más de ciento ochenta niños muertos por la helada en la zona sierra centro sur del país; niños muertos no por una guerra ni enfermedad incurable o accidente fortuito, son cadáveres por no tener abrigo a la mano, están mil doscientos niños de La Oroya con plomo en la sangre porque sencillamente a la poderosa Doe Run no le da la gana de cumplir requisitos mínimos que garanticen impactos del medio ambiente. Están los peruanos desesperados en cuidarse de la gripe influenza (AH1N1) mientras que ya suman 3,640 los compatriotas muertos de tuberculosis (TBC) los dos últimos años, mientras el presente año ya suman 5,535 los niños muertos por inanición que en buen cristiano quiere decir ?muertos de hambre- en un país que se jacta de respetar los derechos humanos y de ser igualitario en derechos prioritarios. El país de siervos y ciudadanos, de mesas de diálogo por millares, de acuerdos firmados y concertaciones falsas fofas y mezquinas, de conflictos olvidados entre flechas lanzas, balas y mucha cachiporra? el país donde nos matamos peruanos contra peruanos.