Perú tiene un déficit en su producción de hidrocarburos. En 2020, el país gastaba 60 millones de soles diarios para importar la gasolina que requería para satisfacer la demanda interna. A esto se suma que, mientras en 2019 la producción alcanzó los 52 984 barriles de petróleo por día, esta bajó a 39 671 en 2020, una disminución del 45% interanual, según la Sociedad Peruana de Hidrocarburos.

Si bien es positivo para el país que comience a operar —así sea gradual— la Refinería de Talara y que el Gobierno explote el famoso Lote I, surgen dos problemas: el primero, es que el lote tiene reservas residuales de petróleo y gas, lo que implica más inversión en exploración, la cual será difícil atraer si continúan los conflictos sociales desatendidos con las poblaciones indígenas amazónicas.

El segundo y más estructural es la corrupción. La Comisión de Fiscalización y Contraloría del Congreso, comenzará una investigación sobre la posible pérdida de 760 millones de dólares en la construcción de la refinería en cuestión y a esto, se suman las suspicacias que generan los contratos que ha ganado Samir Abudayeh en los últimos meses en Petroperú.Por último, el nombramiento de Daniel Salaverry como presidente del directorio de Perupetro, no ayuda a responder a ninguno de los problemas mencionados, debido a su falta de experiencia sectorial y a lo escaso que mostrar en la lucha anticorrupción.