Quizá por estar bajo efectos de alguna sustancia alucinógena como las que aparentemente consumía cuando estaba en el poder para vergüenza de sus gobernados, el comunista expresidente de Colombia, Gustavo Petro, ha escrito en X un mensaje lleno de mentiras sobre nuestro país, como que al derrotado Roberto Sánchez le robaron las últimas elecciones generales con votos que llegaron desde Estados Unidos y que el líder de Juntos por el Perú tiene “la mayoría” en la Cámara de Diputados.
Este mensaje viene acompañado de la foto de un abrazo con Sánchez, quien ahora trabaja en el Poder Legislativo como asesor con un sueldo envidiable que le pagamos todos los peruanos por dedicarse a movilizar a sus legisladores borregos, muchos de los cuales no saben ni lo que le escriben sus trabajadores –entre ellos algunos adherentes al Movadef– para oponerse a todo lo que proponga en Poder Ejecutivo, incluso en asuntos delicados como la criminalidad y el fenómeno El Niño.
Miente Petro cuando dice que a su socio Sánchez le robaron los comicios y más aun cuando afirma que fue con los votos emitidos en Estados Unidos. Lo cierto es que incluso si se dejan de lado esos votos, el socio de Antauro Humala igual perdía. Otra farsa es sostener que Juntos por el Perú tiene mayoría en la Cámara Baja, cuando en realidad necesita de las adhesiones de al menos tres partidos (Obras, Buen Gobierno y Ahora Nación), que no siempre están de su lado, para que eso ocurra.
No hay duda que el exguerrillero del M-19 es un gran enemigo del Perú y nuestra democracia. Lo demostró al apoyar a un golpista como Pedro Castillo, con el que el colombiano dice tener comunicación. Si un recuerdo bueno nos dejó la expresidenta Dina Boluarte, fue el haberse negado en público en darle la mano a este impresentable que en su país también gritó fraude una vez que su delfín fue derrotado por Abelardo de la Espriella, aunque nadie le hizo caso y tuvo que quedarse callado.
Perú y Colombia tienen una gran oportunidad ante sí para desarrollarse, avanzar y fortalecer la hermandad, al haber dejado atrás a Sánchez y Petro, oscuros personajes que de agitadores de plaza pública y las redes sociales no deberían pasar. En el caso de dueño de Juntos por el Perú, irónico que todos los meses los ciudadanos tengamos que pagarle un sueldo para sabotear no al gobierno, sino a todos los peruanos que no quieren saber nada de sus taras ideológicas ni de su cercanía con asesinos ni bandas armadas recicladas.
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