Una lluvia que podría considerarse “moderada” que comenzó en la noche del lunes, ha hecho colapsar, como tantas otras veces, a la ciudad de Piura, a Castilla y a Chulucanas, capital de la provincia de Morropón, lo que no es más que una advertencia de lo que se viene especialmente en el norte del país como parte de los desastres que nos traerá El Niño que, según los expertos, golpeará con una fuerza descomunal como pocas veces se ha visto en nuestra historia.
En estos puntos, las calles han quedado convertidas en ríos y cientos de casas han terminado inundadas, pues no hay drenajes ni sistemas de desfogue a pesar de que las precipitaciones son una constante incluso cuando no hay fenómeno El Niño. En el caso de Piura, sectores como Ignacio Merino y El Chilcal, que son zonas bajas de la ciudad, han resultado muy afectados. En el asentamiento humano Santa Rosa, en el distrito Veintiséis de Octubre, varios postes acabaron arrancados del suelo.
Lo de El Chilcal es de nunca acabar. Toda esa zona ha terminado bajo el agua en El Niño de 1982-1983 y en el 1997-1998, y cuanto evento climático intermedio se ha manifestado en las últimas décadas. Sin embargo, ningún gobierno nacional, regional o municipal ha sido capaz de encontrar una solución para las cientos de familias que como ha sucedido ayer, terminan con el agua dentro de sus viviendas, con todo lo que eso implica para sus bienes y su vida diaria.
Un peligro adicional en Piura, más allá de las lluvias, es el río que pasa a escasas tres cuadras de la plaza de armas, que podría desbordarse pese a los esfuerzos que se vienen haciendo desde agosto para limpiar el cauce, donde hasta hace poco había arbustos y hasta árboles. Los trabajos hechos contra el tiempo van a permitir que el caudal llegue hasta 3 mil 900 metros cúbicos por segundo sin que haya peligro, pero si discurre más agua desde las partes altas, nuevamente el centro y gran parte de la ciudad podrían verse afectados.
Si esto ha sucedido en Piura aún en octubre, con una precipitación “moderada” cuando en teoría aún no empieza la temporada de lluvias en sí –que se inicia en diciembre–, es fácil prever lo que sucederá en todo el norte del país durante el verano del 2027, cuando se incremente aún más temperatura del mar y estemos frente a un verdadero diluvio. No se trata de asustar a la gente, pero lo que se viene podría ser catastrófico de acuerdo con las advertencias de los especialistas.
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