La debacle sufrida César Acuña y su partido en las últimas elecciones debería ser tomada en cuenta por los políticos y quienes aspiran a serlo, de que por más plata que haya para poner paneles, regalar víveres y becas, pagar a ayayeros, colocar publicidad, hacer payasadas con influencers, viajar y llenar las ciudades de pintas, el rechazo de la gente siempre podrá más una vez que se harta de que le vean la cara de tonta mientras le meten la mano al bolsillo.
Hasta en su “bastión” de La Libertad, donde Acuña y su partido eran líderes, han recibido una tremenda pateadura electoral. Incluso la desconocida hermana de un impresentable exalcalde que se hizo famoso por pasearse por calles y plazas con un huaco erótico de plástico, ha sacado más votos que el dueño de APP, que no tendrá ni bancada y podría perder la inscripción, con lo que no tendrá más posibilidades de negociar el manejo de ministerios, instituciones y embajadas a cambio de “apoyo” en el Congreso.
Simplemente la gente se cansó de sus desastrosas gestiones como gobernador y alcalde, de que sus hijos y hermanos sean candidatos a lo que sea por tener el “mérito” de ser parientes del dueño del partido, y de sus viajes de placer mientras los sicarios, extorsionadores, mineros ilegales y secuestradores hacen lo que les da la gana. Se hartó de sus “mochasueldos” y también de que en nombre de la “gobernabilidad” haya estado del lado de presidentes como Pedro Castillo y Dina Boluarte.
Los peruanos en general, y en especial los liberteños, han sido bastante pasivos para soportarlo por más de 20 años, votando por él, sus parientes y su agrupación. Pero se acabó. Ayer El Comercio ha señalado que en esta campaña, Acuña ha gastado más de 10 millones de soles. Todo para nada, para terminar sin pasar la valla y quedar como un triste meme de la política, especialmente después de su patética exposición al lado de influencers que más bien se burlaban del propio candidato al que decían apoyar. De eso no se regresa.
A tomar nota, señores, que todo tiene un límite. Se puede engañar, pero no todo el tiempo. Más bien, que desde ahora los ayayeros y envarados de los Acuña que consiguieron trabajo en el Estado, vayan a pedirle empleo a su jefe o a su hijo Richard en alguna de sus empresas, que no son pocas y facturan bastante. Lo van a agradecer especialmente quienes tienen que atenderse en hospitales del Ministerio de Salud y de Essalud, que esta gente ha controlado como si fuera su chacra.