Opinión

​¿Pobreza? ¿Cuál es la sorpresa?

¿Adónde creyeron que nos iba a conducir todo esto? ¿A convertirnos en Alemania?

28 de Abril del 2018 - 07:15 Eugenio D'Medina Lora

No puede haber “sorpresa” en constatar que la pobreza monetaria ha subido por primera vez en este siglo para el Perú. Ya sabíamos que entre 2010 y 2016 había subido la desnutrición infantil. Ahora, las izquierdas pretenden echar la culpa de este retroceso al modelo económico, cuando desde el segundo lustro de los 90 empezaron a pincharle las llantas. Y es que se olvida, por ejemplo, que las privatizaciones se paralizaron desde 1995. Que el discurso “pro-inclusivo” aceleró demagógicamente los tiempos de repartir, a través de más y más programas sociales, cuando todavía no estábamos consolidados económicamente. Y, por supuesto, que se dejó a la minería en las garras de los activistas de izquierda para casi convertirla en “actividad ilegal”. ¿Adónde creyeron que nos iba a conducir todo esto? ¿A convertirnos en Alemania? Prueba de esto es que cuando se acabó el shock externo favorable de la primera década de este siglo, se aletargó la economía. ¿Por qué? Porque los cambios económicos estructurales se paralizaron desde el segundo gobierno de Fujimori y, posteriormente, ningún gobierno encaró a fondo las reformas complementarias que se requerían. Ahí está para muestra el Estado paquidérmico y torpe que tenemos, que no llega donde debe llegar pero que abunda donde estorba. Hemos transferido algunas tareas al sector privado, se ha descentralizado en algo el Gobierno, pero los ministerios siguen repletos y cada mes aparece un nuevo organismo público con su respectiva burocracia. Por eso, en esta década, los gobiernos de Humala y Kuczynski, que privilegiaron el gasto social y pincharon aún más el crecimiento con el ruido político, aceleraron el declive. ¿Cómo revertirlo? Apostando fuerte al crecimiento económico para llegar al 4% sostenido, que es el umbral en el que se empieza a quebrar la pobreza estructural. Y hacerlo con total convicción, por años y décadas. No le gustará a las izquierdas, porque ellas se nutren electoralmente de la pobreza. Pero le hará bien al país.

tags