Opinión

Poco amor en febrero

Ya dijo que no manejaba sus empresas y que ni sabía cuántos recursos le caían a su bolsillo, algo difícil de creer para un economista.

08 de Febrero del 2018 - 09:16 Renato Sandoval

Febrero es el mes del amor, pero creo que en este año puede ser el de la crisis política. Por un lado, el Presidente Pedro Pablo Kuczynski deberá afrontar su proceso fiscal y político por las asesorías brindadas a Odebrecht, y por el otro, el nuevo pedido de vacancia va sumando votos de antagonistas acérrimos.

Veamos, será difícil que el mandatario logre aclarar el panorama sobre lo que hizo o no cuando era ministro de Economía y Finanzas durante la gestión del prófugo expresidente Alejandro Toledo. Ya dijo que no manejaba sus empresas y que ni sabía cuántos recursos le caían a su bolsillo, algo difícil de creer para un economista.

Su defensa solo se ha basado en que la memoria y la dejadez le han pasado la factura. No tiene más recursos que apelar a la carencia de orden. Creo que será insuficiente para convencer a un Congreso con sed de venganza, y esta vez ni los denominados “Avengers” le podrán darle una ayuda.

La Comisión Lava Jato que encabeza Fuerza Popular no solo será un “circo”, como lo denominó Kuczynski el año pasado, sino que estará llena de leones hambrientos listos para engullir a su principal presa.

El nuevo pedido de vacancia camina por el mismo sendero. Un partido como Fuerza Popular que ha logrado parar la hemorragia interna y un Nuevo Perú que, amparado en un petitorio de lucha contra la corrupción, quiere pasar por lo bajo su verdadero encono: el indulto al dictador Alberto Fujimori.

Según tengo entendido, ambas facciones habrían contabilizado 91 votos, cuatro más de lo que necesita para vacar al jefe de Estado. Sin contar al resto de legisladores que se pueden sumar.

Fuerza Popular lograría tomarse la revancha por partida doble: haber perdido la elección presidencial y el sufrir el fraccionamiento de su bancada.

Por su parte, Nuevo Perú se conformaría con golpear la imagen de la derecha blanca con miras a una campaña presidencial abierta para cualquiera.

Poco amor y mucha sangre correrá en estos días, así que estemos preparados por si a la vuelta de la esquina está el cambio de presidente. 

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