Opinión

Popular no es populista

Columna: MARTÍN SANTIVÁÑEZ

30 de Noviembre del 2017 - 07:00 Martín Santivañez

Un partido popular no es un partido populista; la distinción es clave. El populismo es demagógico e irracional. Un partido popular se basa en la verdad de los principios (una política veraz) y en el logos de la administración (razón de Estado). Por eso, la clase dirigente que se integra en un partido popular tiene que ser consciente de su misión histórica: conducir y liderar al pueblo hacia el desarrollo y la verdad política; no dejarse conducir sin un objetivo de vida en común.

Demofilia no es demagogia. Un partido popular cree en el Estado de Derecho, defiende instituciones eficientes y fomenta la alternancia partidista. Un partido popular tiene voluntad de poder; quiere gobernar garantizando el orden. Un partido popular no es un club que solo busca la supervivencia política; está fundado, antes que en ideologías encorsetantes, en principios y valores que suman y sintetizan. Lo popular es auténticamente republicano, porque reconoce que el Gobierno es del pueblo y ha sido creado para servir al pueblo. Nunca al revés.

Cosa distinta es el populismo. El populismo instrumentaliza el Derecho, pisotea las leyes y, por tanto, debilita la calidad de la democracia. Relativiza los procedimientos y apuesta por los resultados. Regalar prebendas, crear redes clientelares, patrimonializar el Estado y subvencionar la ineficiencia: he allí su auténtico elemento. Los populismos aspiran a enquistarse en el poder, tergiversando la Constitución y declarando el Estado de excepción. Construyen un mundo regido por un Jano bifronte que hace las veces de ogro filantrópico o Behemoth confiscador. En el paraíso maniqueo populista, todo se rige por la lógica del amigo-enemigo: si no estás conmigo, eres indecente.

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