Opinión

Popularidad en descenso

La llegada del Mundial, así como la relativa calma congresal de estos días, le dan al Gobierno una ventana para actuar

20 de Mayo del 2018 - 08:49 Pedro José de Zavala

En la última encuesta de IPSOS, la aprobación del presidente Vizcarra ha pasado del 57% a 52% , una ligera caída que debería preocupar al Presidente sobre todo porque su desaprobación casi se ha duplicado, pasando de 13% a un 24%. Esta desaprobación se concentra mayoritariamente en el interior del país (26%), donde además se concentra la mayor cantidad de personas sin opinión formada, la que asciende también a un 26%. Esto resulta paradójico ya que el presidente Vizcarra, a la fecha de la realización de la encuesta, había efectuado la misma cantidad de viajes dentro del país, que su antecesor en el año y medio de gobierno, además de haber declarado en numerosas oportunidades que su gobierno tendrá un especial foco en las regiones.

En la medida que esta caída se convierta en una tendencia, se estaría reduciendo el único activo político con el que cuenta el gobierno de Vizcarra para operar. La desaprobación lo pondría en una situación vulnerable frente al Congreso, a pesar de la débil aprobación de este y de las bancadas que lo componen.

Creemos que la población no tendrá mucha paciencia con este gobierno. La llegada del Mundial, así como la relativa calma congresal de estos días, le dan al Gobierno una ventana para actuar, pero esta es muy pequeña.

Lo que podría detener una caída es mostrar avances concretos y sobre todo tangibles, pero para una gran parte de la población lo único tangible son las obras de infraestructura. El contacto con la población y su preocupación por tener una presencia cercana y constante es muy positiva, más aún cuando nace de una preocupación real, como parece ser el caso del presidente Vizcarra. Sin embargo, esta cercanía puede volverse en su contra en la medida que esta no se traduzca en obras concretas que demuestren la preocupación del Gobierno por solucionar los problemas reales de los ciudadanos y la efectividad en hacerlo prontamente. No tienen que ser grandes obras, pero sí deben ser útiles para la población, exentas de corrupción y, sobre todo, muy bien comunicadas. Así quedarán como el ejemplo de lo que el Gobierno pretende lograr en un mediano plazo y la credibilidad sobre los objetivos a conseguir al final de su mandato.

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