Opinión

¿Por qué razón Karadima seguirá siendo sacerdote?

Karadima, en la práctica, no podrá celebrar misas ni perdonar los pecados como ejercicios propios del ministerio del que ha sido dimitidO

29 de Septiembre del 2018 - 07:22 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

La reciente decisión de Su Santidad, el papa Francisco, de retirarle para siempre la condición clerical al presbítero chileno Fernando Karadima, no le quitará hasta el final de su vida su condición de sacerdote, aunque usted no lo crea, amigo lector. En efecto, Karadima, a pesar de haber recibido una montaña de imputaciones por violaciones y abusos sexuales en su país, mancillando a la Iglesia chilena y en general al catolicismo, conservará hasta el final de su vida su condición sacramental de sacerdote, pues se trata de una gracia concedida por Dios que tiene carácter indeleble, es decir, que no será borrada en la naturaleza humana de Karadima como persona. En realidad, se trata de una consecuencia que produce cualquiera de los siete sacramentos una vez administrados. Ahora bien, lo que no podrá realizar en adelante es ejercer el sacerdocio o tener función clerical porque esta calidad activa le ha sido despojada. Karadima, en la práctica, no podrá celebrar misas ni perdonar los pecados como ejercicios propios del ministerio del que ha sido dimitido. La reciente decisión papal es coherente con la posición que el propio Pontífice se ha encargado de difundir desde que se convirtió en Obispo de Roma y sucesor de Pedro, en marzo de 2013. El Santo Padre, que en los últimos meses ha venido materializando un conjunto de reformas al interior de la Iglesia chilena, ha valorado el rechazo de la sociedad mapocha a la inconducta de Karadima, habiendo incluso sentido por esa razón el tamaño de la protesta ciudadana durante su visita pastoral a Chile en enero de este año, cuando se produjeron manifestaciones por el ignominioso y denigrante episodio producido que parecía escamoteado por las autoridades eclesiásticas. El Papa ha evaluado, incluso, los efectos que produce en la feligresía el rechazo por las atrocidades de Karadima en Chile, y su decisión confirma que se trata de un acto conclusivo justo y sumamente esperado por millones de chilenos. Esperamos que en ese mismo tamaño también suceda en el Perú con los sacerdotes que estén implicados en abusos sexuales, y que a la determinación clerical siga la implacable e inexorable sanción penal. 

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