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Por si acaso

Leo, boquiabierto, que nadie le avisó que el río se iba a salir. Estás sentado sobre los rieles del tren, lo ves venir, te aplasta y después te quejas de que nadie te avisó. No solo es el caso de las instalaciones del Poder Judicial, la UNP, las urbanizaciones en las márgenes de Piura y Castilla.

20 de Junio del 2017 - 07:00 Rolando Rodrich

Leo, boquiabierto, que nadie le avisó que el río se iba a salir. Estás sentado sobre los rieles del tren, lo ves venir, te aplasta y después te quejas de que nadie te avisó. No solo es el caso de las instalaciones del Poder Judicial, la UNP, las urbanizaciones en las márgenes de Piura y Castilla. 

En los casos particulares, bueno pues, cada uno asume el costo de rifarse la suerte. Pero en las instituciones de presupuesto del Estado hay autoridades e instancias que antes deben responder por qué no pusieron los muebles lejos del agua. Que podía salirse como no podía salirse el río, es por eso que la gente dice y hace “por si acaso”, porque la duda debe favorecerte. Ni el famoso asesor del chat y sus vecinos, teniendo información privilegiada -es decir, de primera mano y antes de que el vulgo la conozca-, atinaron a evacuar muebles, artefactos y vehículos. Ante los hechos consumados solo queda reclamar responsables, nada de llantos y quejidos. La política de ahora en adelante debe quedar definida, en cualquiera fuera el rubro, por esta frase de tres palabras: “por si acaso”. No importa cuál sea el oráculo, todo pronóstico debe tomarse en el peor escenario. Los negligentes, que hoy se victimizan, son los pocos, la mayoría son las instituciones cuya previsión debería promocionarse como ejemplo de lo que hay que hacer frente a estos desastres. Hoy encarecen la reconstrucción, piden millones y millones para reponer los daños que pudieron evitarse con un simple “por si acaso”, ya que siempre será más barata la mudanza que la reposición.

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