Opinión

Por un puñado de gloria

Neymar ya no es más jugador del Barcelona y su fichaje por el PSG se convirtió en el más caro en la historia del fútbol

06 de Agosto del 2017 - 07:19 Juan Carlos Gambirazio

Neymar ya no es más jugador del Barcelona y su fichaje por el PSG se convirtió en el más caro en la historia del fútbol. Los 222 millones de euros que el club francés desembolsó únicamente por concepto de rescisión de contrato al Barcelona marcan, sin dudas, un antes y un después en el fútbol mundial.Es imposible no sentir un sinsabor cuando nos percatamos de que el fútbol comienza a deformarse a medida que el poder adquisitivo de quienes lo manejan crece. Los montos no importan, las sanciones tampoco, es cuestión de comprar a un crack y asumir el costo no solo económico que esto implica.Más allá de esto que amerita un análisis mucho más profundo, está el hecho de tomar una decisión de esta magnitud por parte de Neymar. Es verdad que con los bolsillos llenos cualquier decisión es más fácil de asimilar, pero la trascendencia de esta decisión va más allá de esa certeza. Neymar se cansó del papel de reparto y fue por el protagónico, hizo cálculos y entendió que la gloria le podía ser negada en función al escenario sobre el cual transitaba y arriesgó.Cuando llegó al Barcelona, venía de ser el dios del Santos de Brasil. No tardó en nada en replegarse, en asumir su participación secundaria, en dejar claro cada vez que podía que el mejor de todos era Lionel Messi y que no había opción para discutir sobre ese tema que él mismo se encargó de dejar zanjado. Su respeto, entonces, parecía desmedido. No existía atisbo de frustración en su semblante, siempre la sonrisa sincera, la alegría eterna del chico que jugaba al lado de su ídolo y Neymar empleó esos cuatro años para aprender.Durante su feliz estadía en Barcelona, Neymar entendió, con mayor contundencia que nunca, que mientras Lionel Messi estuviera vigente jamás tomaría las riendas del equipo al que amaba. Hizo cuentas y entendió que, si esperaba la partida de “Dios”, corría el riesgo de dedicar los mejores años de su carrera a ese papel secundario al que ya parecía acomodado y tomó la decisión más importante de su profesión.Hoy Neymar llegó a París para ser rey, para ser dios, para ser todo y ese es un papel que no le resulta ajeno, que dejó de lado algún tiempo, pero que hoy busca recuperar y consolidar. Pocos reparan en la particularidad de ese detalle, se trata de un crack, de uno de los mejores jugadores del mundo aceptando durante cuatro años ser subordinado, y es increíble que en este momento continúe existiendo gente que no comprenda su decisión.Solo el tiempo nos dirá si hizo lo correcto, pero nadie podrá restarle el mérito de arriesgar tanto. Solo el hambre nos puede impulsar a dejar nuestra zona de confort, solo la sed nos permite entender que estar vivos es mucho más de aquello que nos hace sentir cómodos. El hambre y la sed de Neymar apenas comienzan a mostrarse.

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