En las últimas horas el presidente Pedro Castillo ha vuelto a demostrar que no logra ser consciente de la magnitud del cargo que ocupa y que es el responsable máximo de un país que se encuentra en medio de una severa crisis política, social, económica y sobre todo sanitaria, al extremo que nos encontramos al inicio de una nueva alza de casos de COVID-19 que nos podría pasar una espantosa factura, tal como ya ha sucedido.

Mientras el país arde por los enfrentamientos políticos, urge sacar a algunos de los impresentables del gabinete ministerial, se adopta el cierre de playas para evitar los contagios con las variantes que nos atacan y el flamante ministro de Educación necesita un gran respaldo político para la labor que tiene por delante, al presidente Castillo no se ocurrió nada mejor que ir a Cajamarca, específicamente a Chota –su tierra–, para reunirse con el alcalde y los ronderos.

El profesor Castillo no se ha dado cuenta que es el jefe del Estado peruano, y ya no solo un oriundo de Chota ni un rondero. Cuando las responsabilidades llaman, hay temas que pueden esperar. Al mandatario se le necesita trabajando en Lima, no en asuntos menudos de sus coterráneos que podría atender en otro momento. Encima viaja para afirmar que quiere gobernar con los ronderos, algo que no está contemplado en ley alguna.

Como si fuera poco, el martes último el mandatario recibió en Palacio de Gobierno a Mary Coila, una profesora adherente al Movadef –fachada de la sanguinaria banda armada Sendero Luminoso– que sigue soñando con implantar un régimen comunista, y no solo socialista. ¿Qué tiene que hacer esta persona en la sede del Ejecutivo? El mandatario ya debe dejar atrás su faceta de sindicalista extremista y filoterrorista, para trabajar por el país con gente que aporte a los peruanos.

Es evidente que el cargo ha quedado inmenso a Castillo, quien cree que el Perú se maneja como si fuera un grupo de ronderos con chicote en mano, o una asamblea de su sindicato contaminado por senderistas. Sin embargo, al menos debería hacer un esfuerzo por actuar con responsabilidad cuando el país vive una de las más grandes crisis de su historia. ¿No tiene cerca a nadie que le haga ver lo que implica ser presidente cuando estamos cerca del abismo? ¿No hay asesores en Palacio?