Opinión

Primero Barata

COLUMNA: IVÁN SLOCOVICH

06 de Febrero del 2018 - 07:30 IVÁN SLOCOVICH PARDO

La decisión del presidente Pedro Pablo Kuczynski de declarar ante la comisión “Lava Jato” del Congreso luego de que Jorge Barata sea interrogado por fiscales peruanos no hace más que sembrar dudas sobre su accionar y sus antiguos vínculos laborales con la empresa Odebrecht mientras se desempeñaba como ministro de Alejandro Toledo y estaba imposibilitado de trabajar para proveedores del Estado.

Tengamos en cuenta que si bien en un primer momento se negó a declarar ante el citado grupo de trabajo, más tarde el presidente Kuczynski, por temor a ser vacado en diciembre, se allanó a ser interrogado. Sin embargo, hasta el momento no ha fijado lugar ni fecha para recibir a los legisladores a fin de realizar la diligencia. Ahora ha dicho que hablará después de que lo haga Barata, es decir, a partir de marzo.

Acá hay dos cosas. La primera es que el Mandatario sigue dilatando la diligencia por más que él debería ser, en caso de no tener nada que ocultar, el más interesado en salir a aclarar las dudas sobre sus consultorías pagadas por Odebrecht. El segundo aspecto es que pareciera ser que el gobernante quisiera basar sus respuestas en lo que diga Barata, quien según Marcelo Odebrecht es quien sabe al detalle acerca del dinero que se dio a varios políticos por diferentes conceptos.

Ahora el fujimorismo que encabeza Keiko Fujimori, tal como informamos ayer en Correo, ya está hablando de la “incapacidad moral” del Mandatario, quien con sus acciones y evasiones parece empeñado en reforzar esa percepción entre las fuerzas de la oposición, algo muy delicado si tenemos en cuenta que la semana pasada se han formulado dos nuevos pedidos de vacancia que, si bien han sido planteados por la izquierda, podrían lograr mayor respaldo en el Congreso.

Las intenciones de retirarlo del cargo podrían diluirse si el presidente Kuczynski decide tomar al toro por las astas y aclarar las cosas ahora y sin evaluar lo que diga Barata. En juego está la estabilidad política y económica del país. Con su actitud, el jefe de Estado está dando mayor pie a las sospechas y ruidos que alejan a las autoridades de centrarse en resolver los verdaderos problemas que aquejan a los peruanos.

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