Opinión

Principios suspendidos

COLUMNA: ARIANA LIRA

23 de Enero del 2018 - 07:00 Ariana Lira

Muchas son las cosas positivas que nos dejó la visita del Papa. Lamento, sin embargo, que el ambiente de convocatoria, esperanza y unión haya sido manchado por la actuación irresponsable e infantil de quienes deben mantener la objetividad en su trabajo.

Y es que en estos días, muchos periodistas, académicos y autoridades entraron en trance. El jueves, una joven fue arrestada por tener un cartel contra Francisco. A pesar de ser una medida absolutamente inconstitucional y digna de una dictadura, los medios que reportaron el hecho se cuentan con los dedos de una mano.

Un periodista de TV Perú -canal que pagamos con nuestros impuestos todos los ciudadanos, creyentes o no- me criticó por publicar un informe sobre un cura que generó protestas en Chile por considerar “innecesario” causar polémica mientras llegaba Francisco. Como dijo Pedro Salinas, pareciera que, para algunos, #modopapa significó ser acrítico, algo inadmisible en el oficio.

Académicos y personas de prensa citaron desenfrenadamente cada declaración de Bergoglio sobre el modelo económico y la corrupción, no en modo informativo, sino de admiración y ejemplo. ¿Nos olvidamos de que el argumento de autoridad implica que quien opina sea un experto en el tema? ¿Qué autoridad tiene un líder religioso sobre estos asuntos para tomar su palabra como máxima instancia?

Y el Ejecutivo, claro, decidió que podía poner en pausa la Constitución al informar que no habría garantías para quienes protestaran.

Está muy bien resaltar lo maravilloso que trajo Francisco. Lo que está mal es mirar a otro lado cuando hay algo feo, o confundir cobertura con propaganda. Una ingrata sorpresa, pues, que tantos profesionales cuyos oficios reclaman imparcialidad hayan olvidado que las emociones no son excusa para hacer su trabajo a medias. 

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