Opinión

PUTIN CONSUMA SU CONDICIÓN DE AUTÓCRATA

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

19 de Marzo del 2018 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Al cierre de esta columna, Vladímir Putin ha sido reelegido presidente de Rusia para un cuarto mandato con más del 70% de los sufragios. Apareció en la política de su país a la salida del primer presidente ruso, Boris Yeltsin (1991-1999). Al momento de su primera elección (2000) tenía 48 años de edad y al final del nuevo mandato (2024) dejaría el poder a los 72 años, llegando al registro de casi un cuarto de siglo al frente del país, pues debe contarse el paréntesis que él mismo urdió entre 2008 y 2012, en que tuvo que dejar la Presidencia para que sea elegido Dmitri Medvédev, manteniéndose en el cargo de primer ministro para seguir controlando los destinos de Moscú. En ese tránsito, Putin aseguró su retorno al cambiar deliberadamente la Constitución para permitir la reelección presidencial luego de dos periodos consecutivos, así como extender de 4 a 6 años cada uno. Ha superado en el poder al sanguinario dictador Joseph Stalin (1941-1953), que lideró la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial y los primeros años de la Guerra Fría. Putin, un abogado graduado con honores en la Universidad de Leningrado y que tuviera una infancia humilde, ha sabido construir un aparato del poder a su medida. Su olfato político y su sagacidad para mover a su antojo las piezas del tablero político de Rusia le han dado éxito y debe contarse en ello las mañas que aprendió en los años ochenta, cuando era miembro de la KGB, la central de inteligencia rusa rival de la CIA estadounidense. Las elecciones de ayer -precedidas por un discurso estratégico dos semanas antes alardeando de un enorme poder nuclear en tono de advertencia a EE.UU.- fueron configuradas para un solo resultado: su victoria. Más allá de que sacara del camino a su principal rival, el comunista Alexéi Navalni, que fue excluido de las elecciones, y de que hubiera cuestionamientos al proceso, Putin, el presidente del país más grande del mundo (17.1 millones de km2), ha ganado porque es un autócrata, pues concentra todo el poder político ruso. En esas condiciones, nada podría opacar sus objetivos. 

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