No hay que duda que el diputado de Juntos por el Perú, Julián Pérez Mallqui, tiene la cara bien dura y carente de una gota de sangre. No hay otra explicación al hecho de que al hacer uso de la palabra desde su escaño tras la exposición del presidente del Consejo de Ministros, Luis Galarreta, este sujeto haya recordado que durante el gobierno de Dina Boluarte (2022-2005) se “masacró” gente y que las familias de los afectados aún siguen esperando justicia.
¿Masacró? Pero si eso fue lo que hizo Pérez Mallqui con una madre y una niña, a las que atropelló mientras manejaba en estado de ebriedad en Cusco para luego intentar escapar, motivo por el que fue encerrado en un penal. Claro, este fue el segundo ingreso a la cárcel del hoy diputado del partido de Roberto Sánchez, pues antes ya había sido privado de su libertad en Ayacucho bajo el cargo de robo, tal como ha señalado el domingo último el programa Cuarto Poder.
¿Esperan justicia? Pero si este flamante padre de la patria que representa a la izquierda aún no paga la reparación civil que se le impuso en favor de sus víctimas del atropello, lo que les habría permitido al menos afrontar los gastos de recuperación de las lesiones sufridas. Es más, incluso hace poco el diputado Pérez Mallqui dijo en RPP que está tratando de reducir el monto que fijó el Poder Judicial por estos hechos que no fueron tomados en cuenta por su partido al momento de armas sus listas de candidatos.
Es verdad que durante el gobierno de Boluarte hubo muertes y ojalá que los responsables individuales de estos hechos respondan ante la justicia. Pero Pérez Mallqui no tiene ninguna autoridad para dárselas de “defensor” de “masacrados” ni de gente que espera justicia. Además, recordemos que hace poco fue detenido en la comisaría de San Miguel por agredir a su expareja. Este señor, por sus antecedentes, es un peligro público y más bien debería quedarse callado para no generar vergüenza e indignación.
Es de esperarse que la Comisión de Ética de la Cámara de Diputados procese como se debe a este legislador y que dicho grupo de trabajo no sea como en el pasado: una verdadera “lavandería” donde todos los que entraban con cuestionamientos y acusados hasta de delitos penales como robo, salían con apenas un llamado de atención. Cuidado con los blindajes, los arreglos bajo la mesa y de infames frases como “otorongo no come otorongo” y “hoy por ti, mañana por mí”.