Opinión

¿Qué debe pasar para que el Perú sea el país más feliz del mundo?

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

21 de Marzo del 2019 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Finlandia, país nórdico por excelencia. Se encuentra ubicado en el norte del continente europeo formando la denominada región de Escandinavia, y acaba de ser calificado por segundo año consecutivo como el país que contiene el más alto índice de felicidad en el mundo. La pregunta que debemos hacernos, entonces, es cómo un país con cerca de 6 millones de habitantes y que ocupa una importante área del Viejo Continente ha podido llegar a dicho nivel de calificación. Sin que entremos en los detalles sobre cifras que dan cuenta de su éxito, lo que debemos sobre todo preguntarnos es por qué el Perú, que también es un Estado, no ha llegado a la felicidad plena de sus habitantes. Finlandia ha pasado con creces los 6 presupuestos para ser considerado así, es decir, cuenta su gente con importantes ingresos como para solventar una vida holgada y sin contratiempos; además, sus habitantes realmente se sienten libres porque no existe un aparato estatal que esté reprimiéndolos, sino que los deja actuar según sus propios proyectos o aspiraciones; existe una enorme confianza en sus instituciones tutelares. La gente cree en el aparato gubernativo por su alto nivel de funcionalidad; su gente, además, desarrolla una psicología de la esperanza, es decir, no son nada pesimistas ni están renegando de lo que tienen para vivir con buena salud, que para ellos es lo más importante; son bastante articulados para la práctica de la solidaridad, es decir, no son una sociedad indiferente, y tienen un trato extraordinariamente afable. Está claro, entonces, que para llegar a esa condición nacional el Perú debe invertir en educación. Mientras en el país no hay una política de Estado que acredite la calificación de revolución educativa -hemos tenido en 200 años de vida republicana mil ensayos de planes pilotos y ninguno ha sido decisivo-, Finlandia invirtió en la educación de su gente. Allí estuvo su magia para lograr lo que hoy comentamos. Históricamente, jamás hemos invertido 11% o 12 % del presupuesto nacional en educación, y por ello seguimos en el círculo de siempre. Podríamos hasta crecer económicamente, pero eso no será jamás desarrollo. ¡Tenemos derecho a ser felices!

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