Opinión

​Que el fútbol no nos meta un autogol

El fútbol fue utilizado brillantemente por la manipulación del Gobierno militar de Velasco-Morales Bermúdez entre 1968 y 1980

13 de Julio del 2019 - 07:35 Eugenio D'Medina Lora

Ha sido apoteósico y maravilloso el subcampeonato obtenido en Brasil por la selección peruana de fútbol. La gente tiene el derecho de disfrutarlo y, por supuesto, siempre es mejor ganar que perder. Sin embargo, en paralelo a esto, hay que proceder con cuidado. Eventos como la Copa América o los Juegos Panamericanos nos sacan del enfoque sobre lo realmente importante, pues -incluso obteniendo el campeonato- el país iba a estar igual antes o después de la final. Es muy romántico sentirse más patriota (?) por un triunfo deportivo, pero el verdadero amor no es de momentos, sino de constancia. Se ama en tiempo continuo, no en momentitos fugaces. ¿De qué sirve abrazarse con el parroquiano de al lado si en una semana lo volveremos a tildar de corrupto o de cosas así? Suena muy lindo hablar de la unión de los peruanos al gritar los goles de Guerrero; pero todos sabemos que, aquietadas las pulsaciones, recaemos en una sociedad enfrentada a niveles realmente preocupantes y hasta definitorios.

El fútbol fue utilizado brillantemente por la manipulación del Gobierno militar de Velasco-Morales Bermúdez entre 1968 y 1980. Con medios de comunicación menos potentes a su alcance, ya se podía manipular a las masas para adormecerlas con los goles de Cubillas y así dejar pasar las tropelías que cometieron quienes ejercían dictatorialmente el poder durante esos años. En estos tiempos en que los poderes del Estado son copados o atropellados por un Ejecutivo envalentonado debido al rugir de la masa enardecida, y hasta el propio espíritu de las leyes, contando con el auxilio de una mayoría alineada de medios y de ejércitos de operadores de redes sociales, el peligro puede ser mucho peor. Y los efectos también.

La experiencia enseña que el partido por ganar sigue siendo otro, alejado de una pelota, de unos arcos y hasta del VAR. Es el partido que tiene casi doscientos años de duración y que hasta ahora lo venimos perdiendo.

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