La esencia de la carrera magisterial es la mejora de la profesión, con capacitación, haberes dignos en base a méritos y evaluaciones que, entre otras, son por ascensos, desempeño y nombramiento para ingresar a la primera escala magisterial. En esta oportunidad, nos referimos a las evaluaciones de nombramiento que se vienen desarrollando, en el marco de la Ley de Reforma Magisterial (LRM) desde el 2015. Se desarrollan en dos etapas: nacional y descentralizada. La prueba nacional considera saberes de comprensión lectora, razonamiento lógico y conocimientos pedagógicos. Los que logran superar los puntajes mínimos en este examen quedan habilitados para postular en la etapa descentralizada a una de las plazas vacantes, la cual se realiza a nivel de institución educativa o UGEL Se evalúa competencia pedagógica (observación en el aula y entrevista) y trayectoria profesional (expediente). En la LRM se establece que estos concursos son cada 2 años. Sin embargo, teniendo en cuenta que el número de contratados podía llegar al 70 - 75% el 2021, el 2018 promovimos una Ley para que fueran anuales hasta el 2022 con el fin de revertir esta tendencia. Entre otras consideraciones, porque en el 2015, de 192,397 evaluados solo ingresaron 8,137 (4.2%); en el 2017, de 208,026 solo 10,932 (5.2%). En el 2018 nuevamente de 194,556, solo 10,120 (5.2%), Y en el 2019 de cerca de 200 mil habrían aprobado solo 4,512 (2.2%).

Los resultados son preocupantes. Claro, algunos “economistas de la educación” aducen que los maestros no están aptos para ser “nombrados”. Aunque sí están aptos para enseñar a los mismos alumnos, pero como “contratados”. Hace algunos días se ha emitido la norma para el nombramiento 2020.Creo que, ante las evidencias señaladas, no se trata de bajar la exigencia, pero creo que aún hay tiempo para que se revise la pertinencia, confiabilidad y validez de los procesos, instrumentos y contenidos. La prof. Flor Pablo, Ministra de Educación, tiene la palabra.