En los días previos al Año Nuevo en que mucha gente sale de viaje y necesita movilidad, al Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) no se le ha ocurrido nada mejor que autorizar a sola firma, que cualquier persona pueda empadronarse para hacer el servicio de taxi colectivo, ese que debería estar prohibido por ser una amenaza para la vida de las personas que viajan en estos vehículos que no ofrecen garantía alguna.

El sector a cargo del ministro Juan Francisco Silva, dueño de una combi ilegal y moroso en el pago de papeletas, ha dado un gran paso para seguir fomentando la informalidad en el transporte que cobra vidas de la gente más pobre que no tiene vehículo propio ni posibilidades de pagar por un pasaje en una empresa formal. Y eso que se supone que estamos en un régimen que se llena la boca hablando de su compromiso con “el pueblo”.

Lo que está claro desde hace varios meses es que existe un gran lobby que juega a favor de los colectiveros informales que buscan operar, pese al peligro que implican. En el Congreso anterior sacaron una ley que los favorecía, y ahora cuentan con un ministro afín a sus intereses. Se han vuelto poderosos al extremo que negocian la cabeza de los jefes de la ATU y la Sutran con el propio jefe del sector al que nadie mueve de su cargo, pues ni el Legislativo lo pudo censurar.

Desde la izquierda y sus discursos muchas veces plagados de demagogia y resentimiento, suelen quejarse de los empresarios “de la Confiep” y de los “grupos de poder” que supuestamente hacen lo que quieren en el Estado, a favor de sus intereses. Bueno, lo cierto es que hoy el lobby de colectiveros es más poderoso que cualquiera. Sacan leyes a su antojo gracias a bancadas a sus órdenes, y el ministro es uno de los suyos. ¡Ni los mineros! ¡Ni los dueños de los bancos o las AFP!

Hoy los colectiveros ganan gracias a su ministro, mientras pierden los miles de ciudadanos que suben a las unidades de quienes se niegan al control y hasta son capaces de atacar y atropellar a policías y fiscalizadores que buscan poner orden en las pistas. Gracias, ministro Silva. Gracias, presidente Castillo. Gracias por más informalidad, por más exposición de personas al peligro. Este es el Perú del bicentenario, el Perú del lápiz y el sombrero.