La vocera de Juntos por el Perú, Anahí Durand, ha señalado al dominical Enfrentados que han llegado a la segunda vuelta electoral con el voto castillista y que no van a renunciar a buscar la libertad de Pedro Castillo –condenado a 11 años de cárcel en primera instancia por intento de golpe de Estado–, y a la instauración de una asamblea constituyente con la finalidad de redactar una nueva Carta Magna que les permita aplicar el plan ofrecido a sus electores, que no es más que una reunión de políticas de izquierda largamente fracasadas.
Es más, Durand, quien fuera ministra de Castillo en el primer tramo de su horrorosa gestión, ha indicado que han optado por la apertura al diálogo con otras fuerzas políticas sin dejar de lado estos dos postulados, por lo que en adelante se entenderá que quienes apoyen la postulación de Sánchez en segunda vuelta, están a favor de la libertad del golpista e investigado por corrupto, y con el cambio de Constitución que ya sabemos todos a qué nos llevaría, sin ninguna duda.
Apoyar o no a Castillo marca una línea, pues el hombre está preso por un intento de acabar con la democracia e imponer una dictadura comunista, de cerrar el Congreso con la tropa en la puerta, de efectuar detenciones arbitrarias y de armar una nueva Constitución al caballazo. ¿Alguien puede decirse demócrata y respetuoso de la legalidad, y al mismo tiempo considerar que este impresentable debe ser indultado porque “representa al pueblo” o porque él fue la víctima de un golpe? Esto parece una payasada.
Lo mismo con la propuesta de la asamblea constituyente, más allá de si habrá votos o no en el futuro Congreso de dos cámaras. Todos sabemos por qué la izquierda vive desesperada por contar con una nueva Carta Magna a su medida. Quiere la reelección presidencial indefinida y la posibilidad de reventarse las reservas del Banco Central de Reserva y los fondos del Tesoro Público para hacer populismo y comprar votos. La receta es vieja, tan vieja como el fracaso a que ha llevado.
Irónico que esa izquierda que se hace llamar “democrática”, pueda apoyar propuestas que son un golpe a la mismísima democracia. Y no vengan a decirnos que a Sánchez se le puede “controlar” desde el Congreso. Recordemos que si un mal gobernante no tiene mayoría, es posible comprarla con puestos de trabajo para los amigos, un viaje en el avión presidencial o un plato de lentejas. Tenemos como triste recuerdo a “los niños” o a las bancadas de César Acuña y José Luna, que de todas maneras tendrán sucesores.
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