Hace pocos días el presidente Pedro Castillo ha tratado nuevamente de victimizarse ante las justificadas críticas que surgen por todos lados hacia su oscura, ineficiente y muy presuntamente corrupta gestión. Esta vez no apeló a su ya trillado y demagógico discurso de “humilde rondero, profesor y campesino”, sino que se he burlado de los peruanos al decir que ha sido “silenciado” por quienes no aceptan que haya ganado las elecciones.

Y digo que esto último es una burla, porque es el propio presidente Castillo el que ha optado por el silencio. No recuerdo en la historia del Perú un gobernante tan mudo y al que se le haya pedido con tanto énfasis que hable. Si el profesor está en “silencio” es porque quiere, porque teme ser arrinconado con preguntas ante tantos cuestionamientos que hay en su contra y quizá también porque sabe que no está en condiciones de hablar con solvencia de política, economía, salud y demás.

Pero esta infeliz frase del presidente Castillo no ha sido lo único visto en los últimos días, que hace pensar que el hombre vive en un mundo paralelo, quizá agobiado por el cargo que le ha quedado inmenso. Eso de recibir en Palacio de Gobierno al condenado por Vladimir Cerrón por segunda vez en un mes, demuestra que sigue creyendo que el Perú es su sindicato de extremistas o su grupo de ronderos donde puede hacer lo que le dé la gana.

La última de Castillo ha sido nombrar como presidente del directorio de Perúpetro al novato en temas de hidrocarburos Daniel Salaverry, exaprista, exfujimorista y últimamente escudero de Martín Vizcarra, al que pretendió llevar al Congreso. Durante la campaña, tras varias visitas a la casa de Sarratea, en Breña, se autoproclamó como vocero de Perú Libre, pero casi en el acto fue desembarcado. Ayer le dieron un puesto en el sector público.

Cualquier ciudadano que quiera algo a su país, debería estar muy preocupado al ver que el Perú está en manos de un personaje nefasto como Castillo, quien desde una dimensión alejada de la realidad, cree que puede engañar a alguien con su “victimización” para tratar de justificar su silencio y falta de transparencia, o piensa que Cerrón puede traerle algo bueno a su gobierno y a los peruanos agobiados por los corruptos, sinvergüenza, oportunistas y buenos para nada.