Opinión

RECONOCIMIENTO DE JUAN GUAIDÓ: LA OEA SÍ Y LA ONU AÚN NO

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

11 de Abril del 2019 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

El reconocimiento de un gobierno es fundamental en el derecho internacional, pues los Estados no son parias; al contrario, interactúan con mucho dinamismo estrechando dichas vinculaciones. Atrás quedaron los episodios de la historia de la sociedad internacional en que, por más de 2000 años, los gobernantes imponían su poder por la fuerza y su ejercicio solamente estaba determinado por dicha cualidad basada en el dominio. Esa etapa del capricho como cuestión de Estado ya acabó. La tenencia del poder desde la Revolución Francesa (1789) supone que haya sido concedido por el soberano, que es el pueblo. Este suele otorgarlo a través de las normas jurídicas -mayor instrumento para el orden social-, que son lo más civilizado que tiene la humanidad. El mundo en que vivimos cuenta con 193 Estados, los cuales, a su vez, tienen gobiernos que ejercen, en su inmensa mayoría, la administración del poder legítimamente. Si miramos el caso de Venezuela, no cabe duda de que ese es su problema central. En efecto, Juan Guaidó es el presidente de iure -interino, pero de iure- y Nicolás Maduro, quien es el mandatario de facto, en buena cuenta no es ningún jefe de Estado, solamente está amparado por el poder de las armas. Mire, usted, apreciado lector, entonces, la importancia que supone esmerarse en conseguir el mayor número de reconocimientos. Lograrlo es el mejor camino hacia la legitimación planetaria. Guaidó ha sido reconocido por los gobiernos de cerca de 60 Estados y, por si fuera poco, la OEA acaba de conceder un asiento al representante permanente de su gobierno. Es verdad que en su calidad de representante de la Asamblea Nacional de Venezuela, pero eso -a estas alturas de la situación en el país llanero- es prácticamente lo mismo, en la medida que es el presidente de dicha Asamblea Nacional la misma persona que ostenta la calidad de presidente interino del país. No lleva la misma suerte en la ONU, hasta donde acaba de llegar el vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence, para solicitar al mayor foro político del planeta el reconocimiento de Guaidó como jefe de Estado llanero. La ONU debe ir por la sensatez.

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